Temixco, parte del todo

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Los presidentes municipales son el eslabón más endeble y expuesto de los problemas de seguridad que apabullan y carcomen. El asesinato de la presidenta municipal de Temixco, Morelos, Gisela Mota, es una de la manifestaciones más agudas, dolorosas y lamentables del tema.

No es un hecho aislado ni excepcional. Las presidencias municipales son el centro de decisiones políticas y son el espacio de mayor cercanía en donde se mide el pulso de lo que piensan y viven los ciudadanos; todo pasa por ellas.

Si un elemento ha sido fundamental para que el PRI haya conservado el poder y ejercido como lo ha hecho se debe a sus triunfos, por las buenas y las malas, en elecciones municipales. Sabe que es la instancia de control y gobernabilidad.

Si esto se sabe desde el ejercicio político es obvio que si alguien lo sabe también muy bien es la delincuencia organizada. El control que tienen los cárteles de la droga se establece por la “relación” que desarrollan con los responsables de las presidencias municipales, por la buena o por la mala.

Si algo puso en evidencia e hizo que la sociedad tomara conciencia en el caso de la desaparición de los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, entre otras cosas, fue que lo que está en juego en la zona, Morelos, Guerrero y Michoacán, es una sistemática batalla por el llamado corredor que permite la producción y trasiego de la amapola. Chicago es el destino inicial y desde ahí es redistribuida por diversas ciudades de EU, sobre todo Nueva York.

Las primeras informaciones sobre el asesinato de Gisela Mota apuntan a la lucha por la plaza como un intento de controlar el corredor por parte del cártel de Los Rojos. No es una noticia que sorprenda. La muerte de la presidenta municipal confirma que desde que desaparecieron a los 43 normalistas la vida en la zona ha sufrido pocos cambios, y en algún sentido sigue igual, como si no se hubiera aprendido nada de lo sucedido.

No sólo se trata de la violencia con la que se llevaron a los estudiantes, sino también de los escenarios que propiciaron el lamentable secuestro. Parece que desde el poder no se alertó sobre la importancia de desactivar el entorno que ha hecho de esta zona del país el espacio de confrontación de los cárteles por la amapola y por el tan estratégico corredor.

Por 500 mil pesos Gisela Mora resulta ser una víctima más en donde el gobierno parece ser sólo un espectador.

 RESQUICIOS. Así lo dijeron ayer:

Me bajaron de la recámara, me golpearon en la cara y la mataron frente a mí: Juana Ocampo, madre de Gisela Mota.

solorzano52mx@yahoo.com.mx
Twitter:
@JavierSolorzano

Javier Solórzano Zinser
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