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Escena de la película. Foto: Especial
Escena de la película. Foto: Especial

Más allá de la evidente exposición con aire de reclamo, que hace sobre la voracidad asumida del contexto capitalista en el que estamos sumergidos, hay otro par de aspectos a destacar de la más reciente película de Sebastián Hofmann, cineasta egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica —más conocido como CCC— que hace un par de años nos mostrara el desasosegado trayecto de un muerto viviente en Halley.

El primero de ellos es la naturalidad con que va empujando al espectadora a ser cómplice y testigo del derrumbe cotidiano del núcleo familiar como institución y reflexionar sobre los anacronismos y convencionalismos implicados.

El otro, y quizás el más interesante, tiene que ver con procesos, y es que en este caso el desarrollo general también sirve para llevar a algunos de los actores a dejar de lado los vehículos a modo —en los que por momentos han estado involucrados—, conectándoles de una manera aún más orgánica con el cambio de roles que también experimentan los personajes a los que aquí encarnan, en un ejercicio de pasmosa congruencia. Y es que es precisamente esta claridad de objetivos y

lecturas, que además tiene como otra conveniente herramienta al humor, lo que se convierte en la principal virtud de este juego de aparente irrealidad llamado Tiempo compartido, producción ganadora de dos premios Ariel —a Mejor Coactuación y Actor de cuadro—, que a pesar de que algunos de los planteamientos se quedan sólo en arriesgados apuntes, y de cierta falta de peso dramático; este fin de semana se presenta en la cartelera comercial, como uno de los estrenos del cine mexicano más interesantes y entretenidos en lo que va del año.

El guion escrito por el propio director, en colaboración con el productor Julio Chávez Montes, que además fue premiado en el festival de Sundance del año pasado —lo cual no es poca cosa, tomando en cuenta el perfil del evento—, nos cuenta cómo Pedro y Andrés, interpretados con mucha precisión y detalle por Luis Gerardo Méndez y Miguel Rodarte, respectivamente, se sumergen en un viaje casi insólito, cuando junto con sus correspondientes familias, llegan a un hotel y se ven obligadas a compartir la misma villa. El reparto también incluye a la efectiva y cada vez más recurrente Cassandra Ciangherotti, a quien recién vimos en El club de los insomnes, otra muy interesante producción reciente, que al igual que la estupenda Sueño en otro idioma, representan ese otro rostro del cine nacional, que necesita mayor exposición.

  • El Dato: El director hace una crítica a la industria de las vacaciones.