Todos contra todos

VOCES DE LEVANTE Y OCCIDENTE

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Nada más revelador del fin de una era que el contraste entre la participación de Trump en el G-7, donde Estados Unidos se negó a firmar la resolución conjunta, y el exitoso encuentro del presidente estadounidense con Kim Jong-un, quizás el dictador más voraz en el mundo.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, tratando de evitar una debacle que, con la aparición de las armas nucleares, pudiera conllevar al fin de la humanidad, nació un nuevo orden internacional que se sostiene (¿sostuvo?) por una serie de pilares institucionales (la ONU, la OTAN, el Banco Mundial, el FMI, la Unión Europea); una serie de alianzas (la más importante de ellas, la de Estados Unidos con Europa) y normas consuetudinarias.

A setenta años de instaurado el sistema, podemos ver triunfos y fracasos. Por una parte, a pesar de haber tenido crisis importantes, en especial después de terminada la Guerra Fría, podemos concluir que el sistema logró el objetivo de mantener la paz entre las grandes potencias y reducir el número de guerras entre Estados los grandes conflictos de nuestra era son en su mayoría guerras civiles. Además, el mundo ha visto un ritmo de crecimiento económico acelerado. Sin embargo, lo cierto es que mientras las alianzas políticas han funcionado, el modelo económico ha fracasado.

Con el fin de las políticas del estado de bienestar, las instituciones de la posguerra (principalmente la Unión Europea y el FMI) han sido incapaces e incluso contribuido a la profundización de las crisis económicas, causadas por un modelo de globalización rapaz, en el cual las grandes empresas e instituciones financieras privadas crecieron sin límites y regulaciones. El resultado ha sido un crecimiento desigual, que ha dejado desamparados a muchos de quienes confiaron en este nuevo modelo.

Los electores, enfurecidos con las fallas económicas del sistema, han puesto en el poder a una serie de líderes que prometen romper con este orden. El problema es que estos líderes no sólo representan una amenaza para ese orden financiero fallido, sino que entienden el sistema como una unidad y, por tanto, se han lanzado también en contra de las instituciones, alianzas y normas que han contribuido a la estabilidad y a la pacificación.

El multilateralismo ha sido rápidamente sustituido por un sistema de suma cero, donde cada líder intenta ver por su propio bien. Trump, Erdogan, Putin y Orban entienden el mundo como una lucha de todos contra todos en la que no se puede ganar sin que el otro pierda. Estos líderes han visto que, ante la debilidad del viejo orden, pueden conseguir sus objetivos con despliegues de fuerza y amenazas.

El problema con este método no es solamente que implica el beneficio de unos a costa de otros, sino que, como lo demostró repetidamente el orden internacional antes de la Segunda Guerra Mundial, los triunfos son a veces efímeros; el que gana todo un día puede perderlo en otro y, más importante, este sistema es altamente inestable e insostenible a largo plazo.

Gabriel Morales Sod

Gabriel Morales Sod

Gabriel Morales Sod es licenciado en Relaciones Internacionales por El Colegio de México y candidato a doctor en Sociología por la Universidad de Nueva York. Escribe sobre Medio Oriente, política estadounidense y política internacional.
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