Trump, Cuba y el realismo selectivo

Trump decide echar a andar la nueva política durante un viaje por Asia, en el que se reúne con los líderes de China, Vietnam y Rusia, aliados fuertes del gobierno de Raúl Castro. Desde Beijing o Hanoi el presidente de EU hace evidente el doble rasero de su política exterior.

Seis meses después de haber anunciado, en Miami y de manera estridente, una reversión de la política de Barack Obama hacia Cuba, el gobierno de Donald Trump se decide a poner en práctica su nueva estrategia. Si perezoso fue el diseño y el anuncio de la política, ambiguo sigue siendo el contenido de la misma. Es lógico que los congresistas cubanoamericanos, artífices de la marcha atrás, se sientan insatisfechos.

El mayor impacto negativo que tendrían las medidas de Trump es una disminución de los viajes de estadounidenses a la isla. Diversas fuentes oficiales cubanas informaron que, a pesar de las restricciones vigentes, entre 2016 y 2017 el turismo norteamericano fue el tercero

No hay reversión total sino parcial o casuística de la apertura de Obama. Se mencionan 180 empresas que no deberían beneficiarse directamente de contratos con entidades norteamericanas o de transacciones financieras en Estados Unidos. Pero resulta que esas empresas, militares en su mayoría, no son necesariamente las más beneficiadas por el proyecto de Obama, ni requieren de transacciones directas para mantener sus ingresos. También se regula el contacto “pueblo a pueblo”, no académico, a través de una instancia autorizada en Estados Unidos —regulación que no pasa de ser un trámite burocrático más.

En la práctica, el mayor impacto negativo que tendrían las medidas de Trump es una disminución de los viajes de estadounidenses a la isla. Diversas fuentes oficiales cubanas informaron que, a pesar de las restricciones vigentes, entre 2016 y 2017 el turismo norteamericano fue el tercero, luego del canadiense y el de la emigración cubana, en el volumen de viajeros a la isla. Hablamos de un flujo de cientos de miles al año que podría verse limitado a partir de ahora.

Donald Trump durante el anuncio de su nueva política sobre Cuba, en Miami, Florida, en junio de 2017. Foto: Especial

En esta columna hemos sostenido que, aunque la reversión sea más retórica que práctica o afecte únicamente los viajes de ciudadanos de Estados Unidos, es negativa. Cualquier política que refuerce la lógica del embargo comercial, luego de décadas de abandono gradual de esa perspectiva de Guerra Fría, es, en efecto, un retroceso. La presión comercial no es buen método para incidir en un cambio político, que sólo puede ser interno, entre otras cosas porque la comunidad internacional rechaza cualquier medida punitiva.

Vale la pena reparar en el contexto del anuncio: Trump decide, finalmente, echar a andar la nueva política durante un viaje por Asia, en el que se reúne con los líderes de China, Vietnam y Rusia, tres aliados fuertes del gobierno de Raúl Castro. De manera que, desde Beijing o Hanoi, dos capitales comunistas, a las que ofrece el mejor trato, el presidente de Estados Unidos hace evidente el doble rasero de su política exterior: con unos comunistas sí, con otros no.

Un doble rasero que tiene una explicación geopolítica elemental. China y Vietnam han demostrado que pueden ser aliados de Estados Unidos, a pesar de sus profundas diferencias ideológicas. Cuba pareció sumarse al camino del realismo en sus relaciones bilaterales con Washington, entre 2014 y 2015, pero en 2016, luego de la visita de Obama a La Habana, volvieron las señales de intransigencia. El Partido Comunista de Cuba calificó como “ataque” el acercamiento del presidente demócrata a la isla.

En el último año La Habana ha reiterado su apoyo a Corea del Norte y a la represión y el autoritarismo de Nicolás Maduro, en Venezuela, rechazados por la mayoría de los gobiernos de la región. El retroceso no es un asunto exclusivo de Trump

Durante el segundo semestre de 2016, el gobierno cubano, aunque se mantuvo negociando la normalización diplomática con Washington, se sumó a la campaña contra Hillary Clinton a través de sus medios de comunicación. Ahora se sabe que entonces se iniciaron los supuestos ataques sónicos contra diplomáticos estadounidenses y canadienses. En el último año La Habana ha reiterado su apoyo a Corea del Norte y a la represión y el autoritarismo de Nicolás Maduro, en Venezuela, rechazados por la mayoría de los gobiernos de la región. El retroceso no es un asunto exclusivo de Trump.

Rafael Rojas

Rafael Rojas

Historiador, internacionalista.
Rafael Rojas

Latest posts by Rafael Rojas (see all)