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Donald Trump. Foto: AP
Donald Trump. Foto: AP

Con la enfurecida reacción del presidente de Estados Unidos, Donald Trump por la carta anónima publicada el miércoles en The New York Times, en la que un alto funcionario afirma que es parte de un grupo de resistencia que trabaja para frustrar iniciativas “antidemocráticas” del mandatario, a quien también acusa de convertir la Casa Blanca en un manicomio, el gobierno inició una suerte de “cacería de brujas” entre los colaboradores más cercanos, para determinar quién es el traidor, como refirió el propio magnate en Twitter.

Desde Washington ya se estudian pistas o indicios del autor en el texto del NYT: al indicar que se trata de un “funcionario de gobierno”, significa que trabaja fuera de la Casa Blanca; por las alusiones a Rusia y al difunto senador John McCain se sugiere que trabaja en Seguridad Nacional; a partir del estilo, puede inferirse que el autor está en un instituto de investigaciones políticas, y ya que el diario se refiere al escritor anónimo como “él” ¿significaría que no fue una mujer?

“Paren. Si quieren saber quién es este cobarde perdedor, llamen a la mesa de opiniones del decadente New York Times al 212-556-1234 y pregunten. Ellos son los únicos cómplices en este acto de engaño. Nosotros permanecemos unidos y en pleno apoyo de nuestro presidente Donald J. Trump”

Sarah Sanders

Portavoz de la Casa Blanca

Mientras Trump descubre quién detonó la nueva bomba en contra de su administración, cuando no acaba de digerir los escándalos de la trama rusa o los que vinculan al mandatario con una actriz y una modelo de Playboy, una veintena de funcionarios ya se apresuraron a levantar la mano para aclarar que ellos no tienen nada que ver con la carta que desató la ira del republicano.

Entre ellos, el secretario de Estado Mike Pompeo y el vicepresidente Mike Pence. “No es mío”, dijo Pompeo, desde la India, tras una reunión con altos funcionarios en Nueva Deli.

Según Pompeo, “no debería sorprender a nadie” que New York Times decidiera publicar “ese artículo”. Dijo que si la pieza de opinión estaba escrita realmente por un alto funcionario estadounidense, “no debieron creer en la palabra de un mal actor disgustado y engañoso”.

Incluso advirtió que el autor del texto tiene que renunciar.

Pero el magnate no está satisfecho y, según reportes ya busca al traidor, que vino a corroborar lo que afirma Bob Woodward en su libro: hay una resistencia pasiva en la Casa Blanca.

Gráfico: La Razón de México