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Foto: southdakota.com
Foto: southdakota.com

He vacacionado o ido de trabajo muchas veces a distintas ciudades de Estados Unidos que suelen tener grandes atractivos turísticos. Por razones familiares, hace unos días lo hice a Dakota del Sur, uno de los estados menos poblados de nuestro vecino del norte. Fuimos a varias ciudades, pueblos y parques, incluida la capital, Pierre, la segunda con menor número habitantes del país. Y como en muchos lugares del mundo, siempre hay motivos legítimos para visitarlos y también trampas en las que caen los viajeros.

Fue la primera vez en mi vida que manejé un auto fuera de México. A los quince minutos de haber recogido el vehículo alquilado en el aeropuerto me paró la policía. Me sentí en una película o una serie de televisión. Sabía cómo debía comportarme: no salir del auto, poner las manos sobre el volante, bajar la ventanilla, no llevarme las manos al bolsillo para sacar mi licencia hasta tener permiso de hacerlo, etcétera. Mi esposa me tradujo (soy monolingüe), y gracias a que el oficial resultó ser comprensivo no pasó a mayores, aunque cumplió con el protocolo: me pidió que le dijera mi fecha de nacimiento y checó a través de su radio que no tuviera una infracción anterior, lo cual, pensé en ese momento, me hubiera conducido directamente a la cárcel. Mi falta: conducir a una velocidad menor a la indicada y no poner la direccional justo cuando me orillé para detenerme delante de la patrulla.

Cerca de Rapid City están dos monumentales y atractivas esculturas: una dedicada a Caballo Loco, jefe de los siux, y la otra, más conocida, Mount Rushmore, con los
rostros de cuatro expresidentes gringos: Washington, Jefferson, Roosevelt y Lincoln. En el primer caso, la intervención de la montaña se inició hace setenta años (1948), y según el proyecto original y el grado de avance, yo le calculo que irán por el quince por ciento. Quizás en un siglo más estarán cerca del final. En el segundo, la talla sobre la montaña de granito, se inició en 1927 y quedó concluida en 1941.

“Me paró la policía. Me sentí en una película o una serie de televisión”. 

Suerte del turista, buena o mala, nos tocó en la zona de Black Hills una reunión de motociclistas (Rally Sturgis) tipo Harley Davidson: alrededor de quinientos mil (no hay error en la cifra) llenaron las calles, las autopistas, los hoteles, los pueblos cercanos, los restaurantes y especialmente la calidad sonora de la amplia zona que abarcaban sus potentes escapes. Aunque había muchos jóvenes, la mayoría rondaba los cincuenta-sesenta años y sus vehículos de dos o tres llantas eran espectaculares. Varias cosas los unen: un paliacate en la cabeza, tatuajes, barbas blancas de candado, camisetas negras con los nombres de las marcas de sus motos, chalecos de cuero, pulseras y cuerpos corpulentos. A diferencia de los que circulan los fines de semana en la autopista México-Cuernavaca, casi todos respetan los límites de velocidad y las reglas de tránsito. Pese a que se les ve amenazantes, oyen a Roy Orbison, The Who y The Beach Boys, suelen ser muy amables y muchos de ellos viajan solas o solos y a veces con sus parejas e hijos. Llegan de muy distintos lugares del país y aunque no se conozcan comparten una complicidad que se refleja en esa fiesta anual en Sturgis. También caen en las trampas turísticas, como Deadwood, un antiguo pueblo del viejo oeste convertido en una diminuta sucursal de Las Vegas por sus casinos en hoteles y restaurantes y conocido por personajes que lo hicieron famoso, como Calamity Jane. O está también Wall Drug: un poblado que se hizo de nombre alrededor de una farmacia —la cual en algún momento ofrecía agua helada a los viajeros que pasaban por allí— y que se convirtió con el paso de los años en un monumento al consumo. Con tantos días por delante sobra tiempo para hacer ecoturismo en Badlands y el Custer State Park.

Justo el día en el que terminaba este circo, Trump llamó a boicotear a la constructora Harley Davidson. Aunque muchos de los supuestos rebeldes son conservadores y republicanos supongo que no sólo no le harán caso, sino que quizás cambien de partido para las próximas elecciones.

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