Un colibrí suspendido en el corazón de un Premio Nobel de la Paz

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Mónica Garza


Arrancó mayo y con éste todo lo que tiene que ver con la celebración a las madres. La publicidad y la mercadotecnia hacen gala de toda su creatividad para que ¡viva la “tradición”!…

Yo voy a parecer aguafiestas, pero me pregunto si el mes de mayo ¿no será también el peor de los tormentos para las mujeres que han vivido la muerte de un hijo?… Para eso ninguna mujer está diseñada. Ni la más instruida, laureada, rica, o espiritual, estará lista para ese dolor que nada consuela. Que se quedara ahí, doliendo hasta el último día.

Hace algunos meses tuve una muy larga conversación con la Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú y en aquella entrevista fue muy conmovedor verla enfrentar precisamente el tema de la maternidad con la que ha tenido desencuentros muy dolorosos. Sin ir más lejos, el que es el peor de ellos…

Rigoberta fue hija de la partera de la comunidad maya donde nació en Guatemala, una mujer a quien recuerda como dura pero cuya sabiduría la marcó profundamente.

“Una gran comadrona que tenía los dedos largos, porque cuantos niños no recibió a esta mundo en el temazcal, en la casa, y además era una mujer que conocía mucho las plantas medicinales…”

“Mi madre sí era brava, mi madre era muy enojada, nos hizo trabajar fuerte porque eso era la vida que teníamos… También nos dio un par de cinchazos… Mi madre tuvo nueve hijos y yo creo que no es fácil para ninguna mamá ser tan amable con nueve hijos cuando había que sobrevivir….”

Y es que Rigoberta Menchú y su familia no sólo tendrían que sobrevivir a la pobreza sino a la persecución de la que serían objeto por años en una Guatemala políticamente convulsionada y presa de la violencia.

Una violencia que de forma desgarradora cobró la vida de sus hermanos, de su padre y de su madre, cuyos restos, por cierto, nunca fueron encontrados.

“Una cosa que yo dije es que nunca me voy a callar frente a esta impunidad, yo voy a luchar contra la impunidad toda mi vida y también nunca voy a dejar de hablar de estas atrocidades; mientras viva y mientras pueda hablar yo voy a recordar esto en la memoria de todos”.

“Yo dije que nunca me iba a casar y lo dije con todo mi corazón porque en aquellos años si sólo conocía yo muertes, sufrimientos, pobreza, porque la pobreza ha sido enorme en todas partes y he vivido en áreas muy, muy pobres del planeta, entonces para qué casarse, para qué tener hijos”…

Pero el destino tenía otros planes para Rigoberta Menchú. A sus 33 años de edad, el mismo año que recibió el premio Nobel de la Paz, la activista conoció a Angel Canin, un guatemalteco de origen maya igual que ella, víctima de persecución y discriminación igual que ella, ocho años menor que ella, y con quien decidió compartir su vida como pareja.

Dos años después nació Mash, su primer hijo. La maternidad transformó a Rigoberta. Ella recuerda los primeros meses de vida de su hijo como su primer gran alegría completa y su mayor motor.

En 1997 repitió la experiencia, pero con un embarazo de alto riesgo, lo que la obligó a hacer un alto en su montón de actividades, para dedicarse a cuidar al segundo hijo que estaba por llegar y al que llamaría Tsulún, que significa Colibrí en maya…

“Estuve seis meses en cama mirando un reloj diario que pasaba sus segundos por cuidar el embarazo, cuidarlo bien, ahí si que dejé todos mis títulos, mi premio nobel, todo lo demás yo dije ahora soy mamá embarazada y voy a esperar a mi hijo con toda pasión”.

“Vinimos acá a México, nació y falleció. Cuatro días vivió. Ese fallecimiento de mi hijo fue un golpe enorme, enorme, enorme… Me costó mucho superarlo”.

“Cuando falleció mi hijo pues ya no pude tener más hijos, porque se llevó la placenta, se incrustó la placenta en la matriz y ya no pude tener hijos”.

Este episodio en la vida de la Premio Nobel de la Paz la desestructuró física y emocionalmente durante un largo periodo. Ella se encerró y con muchos esfuerzos de médicos y familia la hicieron volver a la vida. Una vida que quedó fracturada, al igual que la de tantas mujeres para quienes mayo siempre será diferente…

monica.garza@razon.mx
Twitter:
@monicagarzag

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