Un imperio en el pasado

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El gran escritor vienés Stefan Zweig (1888-1942) encontró en Brasil refugio para su último exilio.

Al suicidarse con su esposa, Lotte, tras el carnaval de Río de 1942, Zweig dejó testimonio de su visión del gran país sudamericano en el libro Brasil, país del futuro (1941). Nacido en la capital de una Austro-Hungría decadente y opuesto al Tercer Reich, Zweig sabía lo que significaba, para una nación, haber poseído un verdadero imperio en el pasado y sufrir un imperio espurio en el presente.

Getulio Vargas, a pesar de sus breves flirteos con las potencias del Eje, le pareció a Zweig el estadista ideal para la América Latina del medio siglo: distante de las ideologías en pugna, resuelto a colocar al Estado en el centro del aprovechamiento de los inmensos recursos naturales de su país, melancólico y moralista, al grado de suicidarse, como el propio Zweig, abrumado por la acusación de intento de asesinato del político y periodista Carlos Lacerda, su principal opositor.

A diferencia de Blaise Cendrars, Albert Camus o Claude Lévi-Strauss, que se fascinaron con la cultura brasileña de la mano de Oswald y Mário de Andrade, la utopía del Brasil que defendió Zweig era más histórica que antropológica. Si se dejan a un lado las vibrantes descripciones de Río de Janeiro, Sao Paulo, Bahía, Recife, las ciudades del oro y los pueblos del café, el Amazonas y el Atlántico, la mayor parte de su libro está dedicada a la excepcionalidad histórica y a la riqueza económica de Brasil.

La clave del éxito brasileño residía, según Zweig, en una tradición negociadora y pacífica que se remontaba al siglo XIX. La independencia brasileña se produjo sin guerra, entre 1808, con el traslado de la corte de los Braganza de la metrópoli a la colonia, y 1822, con la separación de reinos. El tránsito a la república, en 1889, también fue relativamente pacífico: “Pedro II hizo rodar la corona por el suelo sin hacer ruido”. En ese legado encontró Zweig la explicación de un siglo XX menos turbulento que el de otros países latinoamericanos.

Las últimas décadas parecen dar la razón a Zweig: la dictadura militar fue allí menos autoritaria que en el resto del Cono Sur y la tensión entre populismo y neoliberalismo no generó tantos desequilibrios como en otros países de la región. La estrategia de desarrollo impulsada por Fernando Henrique Cardoso, siendo Ministro de Economía de Itamar Franco, entre 1992 y 1994, se convirtió, durante los periodos presidenciales del propio Cardoso y Luis Inácio (Lula) da Silva, en política de Estado.

Gane quien gane la presidencia este año, mantendrá y consolidará esa política que combina la estabilidad financiera, el crecimiento económico, la inversión social sostenida y una agenda exterior que apuesta por la diversificación diplomática y el equilibrio internacional. El secreto del liderazgo mundial de Brasil, comprobado en la alianza de los BRIC, una asociación con otros tres países (Rusia, India y China), que acumulan el 40% de la población y el 20% del PIB planetarios, consiste en haber decidido ser, como decía Zweig, un “imperio hacia adentro”.

rafael.rojas@razon.com.mx

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