Un rincón cerca del cielo… ¿para los migrantes mexicanos?

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Mónica Garza


El cielo y sus misterios siempre han sido un reto para el conocimiento y un lujo para la tecnología y las economías. Una conquista reservada para muy pocos. En la historia del mundo sólo alrededor de 500 seres humanos han cruzado la atmósfera. Dos de ellos son de origen mexicano, y uno de éstos, con un sello incómodo de “lo mexicano”, ser hijo de migrantes michoacanos en Estados Unidos.

Es la realidad de José Hernández, el astronauta norteamericano de origen mexicano que viajó en el 2009 en una misión de la NASA a la Estación Espacial Internacional. En aquel momento Hernández se convirtió en una fuente de inspiración y esperanza para la nuevas generaciones de hispanos en EU, porque aquello ocurría a sólo unos meses de que los norteamericanos eligieran como presidente a Barack Obama, el primer mandatario afroamericano en la historia de los Estados Unidos que, cabe recordar, llegó al poder gracias a una promesa de reforma migratoria que daba grandes esperanzas a la abultada comunidad latina.

Y es que siempre el país de origen y el color de la piel ha sido determinante en EU, una nación que tiene una cultura histórica de racismo y discriminación, precisamente por ser un país de migrantes.

Si bien José Hernández nació del otro lado de la frontera, eso no le dio ninguna ventaja a su infancia que transcurrió entre campos de pepino, tomate y betabel en California, donde trabajó con su padre en la pisca desde muy pequeño.

Cuenta que llegaba al campo a las 5 de la mañana y que era su hora favorita del día porque se veían todas las estrellas. Ahí las conoció, y decidió que llegaría a ellas.

José habla el español apochado como decimos en el norte, pero lo cierto es que aprendió inglés hasta los 12 años. Él me contó que al principio en la escuela lo único que entendía del idioma eran las matemáticas, que convirtió en su refugio y en su mejor expresión. A los 15 años ya era un estudiante destacado que pasaba muchas horas en la escuela, aunque no siempre estudiando. En las tardes José limpiaba los baños que en las mañanas compartía con sus compañeros de clase, porque ese fue el primer trabajo que pudo conseguir fuera del campo.

La Universidad del Pacífico, cuenta con un programa que apoya, con casi el 90% de la colegiatura, a jóvenes con talentos especiales. José logró entrar en ese programa para estudiar Ingeniería Electrónica, y el 10% del dinero que le faltaba, lo consiguió trabajando como tantos michoacanos en EU, de mesero y lavando platos.

Se graduó en 1984. Estudió un posgrado en la Universidad de California y comenzó su carrera profesional en el Departamento de Energía de Estados Unidos, en el Livermore National Lab, donde formó parte del grupo de creadores del primer mastógrafo.

A los 30 años, Hernández aplicó por primera vez a la NASA, poniendo a prueba su resistencia y necedad, porque de entrada fue rechazado, pero él volvería a aplicar 8 veces más durante 12 años, hasta conseguir entrar en el 2004 al Johnson Space Center de Houston, el cuartel general de la NASA.

José Hernández volvió del espacio en septiembre del 2009 convertido en todo un emblema de lo latino y dispuesto a hacer más con éso, sobre todo cuando en el 2011 recibió la invitación del presidente Barack Obama para ser precandidato del Partido Demócrata al Congreso por el distrito de Central Valley en California. Logró la candidatura pero perdió la elección frente al republicano Jeff Denham.

Haber ganado alguna vez un rincón cerca del cielo no le alcanzaría a este latino para un escaño en el congreso, a favor de la minoría más importante de EU. Tampoco el presidente Barack Obama resultaría tan generoso con ésta, pues ni ha cumplido su promesa de campaña y ha sumado más millones de deportados que nunca antes en la historia de cualquier administración norteamericana.

La historia de José Hernández es un referente, pero no alcanza como esperanza para muchos que forman parte de los 30 millones de latinos con raíces mexicanas, que viven en los Estados Unidos…

monica.garza@razon.mx
Twitter:
@monicagarzag

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