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Soldados de Georgia avanzan por una calle, en Gori, en agosto de 2017. Foto: AP
Soldados de Georgia avanzan por una calle, en Gori, en agosto de 2017. Foto: AP

Georgia condenó ayer la “ocupación” de su territorio por parte de Rusia, en la víspera del décimo aniversario de la “guerra relámpago” que fue seguida por el reconocimiento de Moscú de dos territorios separatistas georgianos, paso importante en el deterioro de las relaciones entre Este y Occidente.

“Se trata de una guerra contra Georgia, de una agresión, de una ocupación y de una flagrante violación del derecho internacional”, recalcó el presidente Giorgi Margvelashvili durante una reunión con sus ministros y con responsables llegados de Letonia, Lituania, Polonia y Ucrania. “El apetito del agresor no ha hecho más que aumentar desde la invasión”, añadió, en referencia a la vecina Rusia.

Moscú y Tiflis se enfrentan desde hace tiempo a causa de las ambiciones de la pequeña exrepública soviética del Cáucaso de unirse a la Unión Europea (UE) y a la OTAN, una posibilidad que Rusia ve como una peligrosa injerencia en su zona de influencia.

En el verano boreal de 2008, estas tensiones se transformaron en un conflicto, cuando el ejército ruso intervino en el territorio georgiano para socorrer a la pequeña Osetia del Sur, territorio separatista prorruso donde Tiflis había lanzado una operación militar. En cinco días, las fuerzas de Moscú derrotaron a las tropas georgianas y amenazaron con tomar la capital.

Finalmente, un acuerdo de paz negociado por el entonces presidente francés, Nicolas Sarkozy, terminó con la retirada de las tropas rusas, pero Moscú reconoció la independencia de las regiones separatistas de Osetia del Sur y de Abjasia, donde conserva una fuerte presencia militar.

El primer ministro ruso, Dmitry Medvedev, manifestó ayer en entrevista con la televisora rusa Kommersant que los planes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte para ofrecer en algún momento la membresía a Georgia son “absolutamente irresponsables” y “amenazan la paz”.

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