Una idea de Estados Unidos

HOY Y MAÑANA EN AMÉRICA DEL NORTE

En 1887 se publicó en Estados Unidos la novela Looking Backward de Edward Bellamy. La historia parece de ciencia ficción, pues empieza con un viaje en el tiempo al futuro lejano de la ciudad de Boston en el año 2000, a donde llega un caballero decimonónico de clase alta.

Para su sorpresa, encuentra un mundo socialista en el cual no existen banqueros ni políticos. Todo el mundo tiene un sueldo justo, está prohibida la compra-venta de bienes de primera necesidad, todos gozan de una pensión, servicios educativos y de salud. El sistema político y social es el mismo para todo el planeta. Este libro utópico se convirtió en un bestseller mundial que inspiró más de 500 clubes Bellamy en numerosos países, donde se discutían las reformas planteadas por el escritor estadounidense. Eso fue durante muchísimos años Estados Unidos, un país que inspiró con sus ideas novedosas al resto del mundo, incluso a los pensadores socialistas.

Es imposible dejar de considerar el Estados Unidos de Donald Trump en 2017. El único país desarrollado sin un sistema de salud con cobertura universal gratuita. Una nación orgullosa de su moral cristiana, pero que deja morir a sus compatriotas si no tienen dinero para pagar una ambulancia. El único país desarrollado que vende armas con una facilidad hilarante a su población, con índices de movilidad social, representación del sueño americano, estancados durante tres décadas. La nación desarrollada con el índice de encarcelamiento más alto del planeta, en su mayor parte integrado por minorías étnicas.

Una nueva masacre golpeó a Estados Unidos. Nuestras condolencias a las víctimas y a sus familias. Las imágenes difundidas por la prensa mundial son aterradoras y dolorosísimas. Esta matanza no fue obra de un grupo terrorista ni tampoco resultado de un enfrentamiento entre bandas delincuenciales. Fue obra de un ciudadano estadounidense que pudo adquirir armas de alto poder a granel en el libre mercado de su país. ¿Qué está pasando en esa sociedad? No fue, ni de lejos, el primer incidente de esta naturaleza.

Como sonorense criado en la frontera México-Estados Unidos, mi generación creció en el mundo de la posguerra fría, libre ya del influjo del totalitarismo soviético. Un mundo dominado por la influencia cultural, económica y militar estadounidense. Veíamos sus películas, cantamos sus canciones, jugamos sus deportes, aspirábamos a estudiar en sus universidades, crecimos consumiendo sus productos. Admiramos su desarrollo tecnológico y el cosmopolitismo de la ciudad de Nueva York. Esa comodidad fue consecuencia de la confianza en sus valores de integración racial y movilidad social. Me preocupa la pérdida de autoridad moral norteamericana, pero es fácilmente explicable y comprensible. No sé si sea reversible. Dada la decadencia europea, la alternativa son puros modelos autoritarios.

Raudel Ávila
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