Una reflexión sobre el Turismo

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Tendría que ser la de costumbre. Una columna en este cierre del año que pretenda resumir lo que sucedió. Escribir, por ejemplo, que el 2015 será de nueva cuenta el mejor año en la industria turística de México y que cerrará con una tasa de crecimiento que casi cuadruplica la de la economía nacional. Prefiero en estas últimas entregas del año presentarle a usted, lector, una reflexión sobre este sector.

Habrá sido siempre el espíritu nómada o quizá la fascinación por la otredad. El deseo de conocer lo que está más allá del horizonte. Tal vez desde el origen mismo de la humanidad está la esencia del viajante. Epopeyas personales. El turismo o la fascinación de los seres humanos por conocerse. Por encontrarse. En el siglo XXI el turismo es una de las industrias dominantes en la economía mundial. La que tiene uno de los mayores niveles de crecimiento, aun en medio del periodo recesivo por el que atraviesa el mundo. Ese turismo que hace que mil cuatrocientos millones de personas crucen fronteras y genera miles de millones de dólares. Esa industria que funciona igual en los paisajes urbanos de las ciudades poderosas que en la sabana del Serengueti; que alimenta a millones de personas igual en Tanzania que en Canadá. Esa magia que, en México, exuda.

Este México que en su diversidad, en sus mares y montañas, en su comida y su historia, en sus callejuelas empedradas y la arena prístina tiene una fortuna que no es aquella que, como diría López Velarde, los veneros del diablo le dio.

Ésta se asemeja más al paraíso.

El asunto es cómo poder palpar aquello que se siente. Tocar con las manos ese aroma que nos atrae. La constante y eterna pelea entre lo tangible y lo intangible.

Ahí están los cientos de kilómetros de autopistas que serpentean por los valles y montañas de México por las que transitan miles de viajeros; allá los malecones que han sido construidos igual en el bellísimo Campeche o el mágico Mazatlán.

Son perfectamente palpables –y admirables– las obras de embellecimiento de lugares de por sí bellos como San Miguel de Allende o Campeche capital. Obras que son la traducción del dinero público utilizado para fomentar una actividad económica, cuyos beneficios son tangibles y los avances pueden valuarse también por lo intangible. Vaya paradoja, pues. Y es que en los últimos años, el avance del turismo en México puede medirse por igual en términos de concreto utilizado, que en dólares generados; igual su avance se cuenta por el número de visitantes que año con año crecen; pero también por todo el debate que genera en la opinión pública y sus implicaciones en la creación de políticas públicas. Porque su importancia, y su avance, puede muy bien calificarse en la rentabilidad de la inversión pública que se ha realizado; pero por igual debe medirse por la importancia que ha tomado como actividad económica destacada dentro del motor que México necesita para avanzar.

Igual habrá que reconocer que en los últimos años ha sido palpable, tangible, el crecimiento en infraestructura turística, en la cantidad de información, y la especialización de la misma, que hoy genera la industria turística nacional. Es mucho, pues, lo que se toca, lo que se admira, lo que se escucha y lo que se piensa. Todo lo que significa y produce una industria que es definida como la mejor herramienta que tienen los países para generar riqueza.

El ejercicio revisionista es en extremo necesario. Útil mirar hacia atrás para ver hacia delante. Contar el número de cuartos de hotel construidos en los últimos seis años sirve para empatarlos con el número de empleos creados y así, en una ecuación sencilla, tener como resultado una propuesta concreta: el turismo es oportunidad y crecimiento. Es arma para generar economía. Es puerta que atisba a un camino luminoso. Es presente y debiera ser futuro. No son en este caso números fríos. Cifras, datos que revelan, reflejan una realidad y exponen un potencial. Un llamado a encontrarnos un poco más con Pitágoras antes que buscar en Sófocles las respuestas a la encrucijada que México vive. Buscarlas más en la aritmética que en la tragedia, pues.

jgg0868@gmail.com
Twitter: @gergarcia68

Gerardo García
Gerardo García

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