Una tarde inolvidable

QUEBRADERO

  • Tamaño de fuente: A  A  A  A  

Moscú, Rusia.- Ha sido la actuación del equipo de futbol de México de ayer, en Moscú, una de las más atractivas e interesante en la historia del futbol mexicano. El resultado cuenta mucho, pero lo que más cuenta ha sido la actitud de los jugadores y su demencia por encima de todo; pensar en no perder.

Regularmente hemos insistido en que si la selección mexicana de futbol jugara como sus aficionados quieren, no habría quien les ganara. Ayer, la comunión entre futbolistas y aficionados en el estadio fue simple y sencillamente excepcional.

Muchas veces hemos visto cómo los aficionados están encima de la selección. Muchas veces hemos visto cómo los aficionados han sido fieles con la selección. Muchas veces también hemos visto cómo, debiendo dar un paso hacia adelante, se han quedado como congelados.

Lo de ayer es, por mucho, inédito e importante. Es inédito porque nunca una selección mexicana le había ganado en un Mundial al campeón. Es importante, además, porque los futbolistas se atrevieron, jugaron y, por encima de todo, tuvieron una actitud que se veía en cada jugada en la que participaron.

Ayer fue un día para recordar. Uno nunca sabe cuándo se puedan dar las condiciones que se presentaron ayer, pero lo cierto es que tanto los aficionados alemanes como los mexicanos nos la pasamos en el filo de la butaca durante más de 95 minutos.

Lo que viene ahora es importante pero, sin menosprecio de ello, el triunfo le da una especie de carnet de adulto al futbol mexicano. Ayer el equipo mexicano hizo lo que tenía que hacer y no descuidó ningún espacio a lo largo del partido.

El previo del encuentro y al final del mismo, la fiesta terminó siendo interminable. Quienes ya no pudieron seguir en las afueras del estadio se fueron a la Plaza Roja. Con el gran historial soviético-ruso, uno nunca se hubiera imaginado que este espacio albergaría a desatados y emocionados aficionados mexicanos del futbol. Todo a los rusos se les hacía en ese momento extraño y singular.

¿Quiénes son los aficionados mexicanos que van al Mundial? ¿Quiénes son aquellas y aquellos que, sin importar su condición económica ni las consecuencias posteriores de su decisión, se atreven a ir a Rusia? Los aficionados mexicanos son los que hacen la fiesta. Son quienes caminan por fuera de los estadios y en las calles de Moscú para gritar “¡México!”, con tal demencia que los propios rusos terminan por sumarse a ellos, como si fuera un anuncio de televisión.

No falta los que apoyan a Andrés Manuel López Obrador, José Antonio Meade o Ricardo Anaya. Sus apoyos y sus gritos se vuelven intrascendentes. Cuando de por medio hay un partido de futbol en un Mundial, quienes quieren jugar a la política son rebasados por todos lados. Acaban siendo fustigados por los aficionados, como sucedió ayer en muchos casos.

Ayer, domingo, en Moscú, la fiesta fue, por mucho, una de las más importantes que los aficionados y el futbol hayan vivido. No solamente ganó México porque metió un gol, sino por la forma en que lo hizo. Fue ayer el equipo mexicano un conjunto que salió a defenderse y también a atacar.

Los únicos que merecen las medallas, por haber llegado muy lejos, son los aficionados. La tarde de ayer ellos hicieron suyo el estadio, y en la cancha Alemania trató una y otra vez, como nos ha pasado a nosotros antes; la gran diferencia es que ayer nosotros sí pudimos y ellos no.

Los políticos trataron de treparse al barco. Lo mejor es que tengan cuidado: el 1-0 a Alemania es de los jugadores, del cuestionado entrenador, y de los aficionados.

Lo que viene tiene tintes de menos incertidumbre. Corea del Sur y Suecia son un enigma, pero hay que vencerlos.

La victoria sobre Alemania es una de las páginas más brillantes en la historia del futbol mexicano. Sin embargo, esto apenas empieza, pero habrá que reconocer que empezó de la mejor manera.

RESQUICIOS.

En 1962 la tradición del futbol llega un día después de los juegos. Todos sabíamos los resultados. La repetición de los juegos nos hacía llorar por lo que había pasado, aunque ya supiéramos lo que había pasado.

Javier Solórzano Zinser
Javier Solórzano Zinser

Latest posts by Javier Solórzano Zinser (see all)