UNAM: apariencias engañosas

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Primer acto. El 30 de agosto del año pasado el entonces director de TV UNAM escribió un artículo en el que expresó juicios adversos a la música del ídolo popular Juan Gabriel. La crítica fue publicada en un diario nacional. Al disentir del gusto mayoritario, Nicolás Alvarado se hizo acreedor a una condena en las redes sociales, que exigieron su salida inmediata. El juicio sumarísimo al que fue sometido, así como la falta de apoyo de la máxima casa de estudios, dio como resultado su renuncia un día después de publicado el artículo.

Segundo acto. El 28 de marzo pasado, durante la emisión de un programa de Radio UNAM, Marcelino Perelló se refirió a la presunta violación cometida en 2014 contra una adolescente por un grupo de juniors veracruzanos (Los Porkys). Entre risas señaló que la introducción de los dedos no ameritaba armar un “desmadre estrepitoso”. Afirmó que “la violación implica necesariamente verga, si no hay verga no hay violación”. El comentarista ignoraba que el artículo 265 del Código Penal Federal determina que hay violación en caso de introducción, por vía vaginal o anal, de cualquier elemento o instrumento distinto al miembro viril, sancionando a quien la cometa con prisión de hasta 20 años. Entre otras barbaridades, Perelló “ilustró” a su audiencia al aseverar que la literatura especializada registra que hay mujeres que sólo cuando son violadas pueden alcanzar el orgasmo.

Ambos casos presentan similitudes, pero distan de ser iguales. El punto en común más evidente radica en que ambos funcionarios de la UNAM fueron juzgados en las redes sociales debido a opiniones difundidas en medios de comunicación. Las diferencias, sin embargo, son abrumadoras. Alvarado se expresó en un medio ajeno a la universidad, Perelló en la radio universitaria.
Aún más importante es que, si bien las opiniones de Alvarado pueden incomodar a los fans del Divo de Juárez, en modo alguno realizan, como en el caso Perelló, una apología a la comisión de conductas violentas y antisociales.

Uno supondría que la UNAM reaccionaría con mayor rigor en el segundo caso.
No fue así. Mientras que la renuncia de Alvarado fue casi inmediata, durante varios días guardó silencio respecto a los comentarios de Perelló. Fue hasta el 7 de abril, después de que la indignación en redes sociales había aumentado, cuando canceló el programa radiofónico. Tomó a las autoridades más de una semana concluir que el lenguaje misógino y sexista del conductor era contrario a los valores promovidos por la universidad. Evidentemente, ante hechos similares, la UNAM mantiene posturas diferentes. Alvarado fue orillado a renunciar, en tanto Perelló sigue siendo secretario del Museo del Chopo y profesor de la Facultad de Ciencias. Parece que la máxima casa de estudios reserva un trato preferencial a sus egresados y otro a quienes no lo son.

Como si los hechos hubieran sido extraídos de Rebelión en la granja, de Orwell, la UNAM muestra que sus funcionarios son iguales, pero, eso sí, hay unos más iguales que otros.

mauricio.ibarra@razon.com.mx
Twitter:
@mauiibarra

Mauricio Ibarra

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Abogado (UAM) y maestro en Economía y Política Internacional (CIDE).
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