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Foto: Especial
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0. Advertencia: si vives en el desierto no compres una tornamesa.

1. A los 8 años me interné en el cuarto de los tiliches de la casa de mi abuelo y descubrí un 8 track.

2. Mi primer vinyl fue el Kill ‘Em All. El vinyl agonizaba. La necesidad de la música portátil lo desbancó. El casete lo sepultó así como el video mató a la estrella de radio. Luego el CD hizo lo propio con el casete. Luego el mp3 mataría al CD. Luego el vinyl regresaría del mundo de los muertos. Más caro.

3. Mientras todos sucumbían al revival, yo era fiel a las descargas gratuitas. Entonces un date me regaló unos vinyles.

4. Recuerdo la primera vez que vi un CD en el aparador de una tienda de discos. Era Delicate Sound of Thunder de Pink Floyd. Era 1988. El primer CD de la historia se había lanzado seis años antes, en 1982 se puso a la venta 52nd Street de Billy Joel.

5. La música es como el amor, un salto de formato en formato. Y un regreso de vez en cuando.

6. Me deshice de los vinyles que me dio mi date. Que otros presumieran su nostalgia impostada, yo era feliz con mi iPod.

7. No me dolió desprenderme de los vinyles. Ni me arrepentí. Aunque terminé comprándolos para volverlos a tener.

8. Conviví con los adeptos al vinyl un tiempo sin deseos de convertirme en parte de la comunidad. Esa nueva logia de adinerados que se gastaban en un solo disco el valor de un par de botellas de Jack Daniel’s.

9. La maldición regresó a mí en forma de dádiva una vez más. Mi amiga Albertine me trajo de Austin una tornamesa portátil en forma de maletín y el Back in Black de AC/DC.

10. Debí largarme como Jesús al desierto. Sin embargo, la mejor manera que encontré para combatir la encrucijada que se me presentaba fue comprarme The Essential Bob Dylan.

Sin sospecharlo caí en la trampa. Me compré una tornamesa pro. Una Pioneer para dj de motor”.

11. A los fanáticos del vinyl no les importa el sonido. Aunque digan lo contrario. Hay excepciones, claro. Pero la mayoría acepta tornamesas baratas con agujas de plástico.

12. No puedes ser adicto al vinyl y oírlo a un nivel bajo. Qué nefando oír tu música en bocinas para computadora.

13. Sin sospecharlo caí en la trampa. Me compré una tornamesa pro. Una Pioneer para DJ de motor.

14. La compulsión por comprar vinyles me mordió con virulencia. De dos pasé a conformar una colección de cuatrocientos en menos de diez meses.

15. Nada me encabrona más que el +-EP de The Brian Jonestown Massacre no incluya “Leave it Alone”. La versión digital sí lo incluye. Lo mismo con “Cease fire” de Thurston Moore. No viene en el vinyl de Rock n roll consciousness.

16. Los amantes del vinyl son unos culeros. Nadie me advirtió que una tornamesa necesita de los mismos cuidados que un recién nacido. Todo mundo idealiza los vinyles pero nadie te habla de la estática. De que la aguja necesita calibrarse. De que debes limpiarlos antes y después de tocarlos. Tremenda bronca en la que se mete uno sin darse cuenta.

17. Pocas cosas son tan detestables como los vinyles cuádruples. Darle vuelta a ocho caras de vinyles le echa a uno a perder cualquier idea de romanticismo. Si estás charlando, cogiendo, etcétera, tienes que interrumpir lo que sea que estés haciendo para atender a la torna. Resulta más demandante que cualquier relación codependiente.

18. Así como el vinyl es el peor enemigo de la colegiatura, varias veces he estado tentado a darle clic en Amazon y gastarme hasta la renta, el polvo del desierto es el más acérrimo detractor de la tornamesa. Es como el mito de Sísifo.

19. Las pedas y los vinyles no se llevan. Si estás eufórico y quieres escuchar una rola dos veces es un pedo. Con el CD sólo retrasabas el track. Aquí tienes que parar todo para regresar la aguja. Pero nunca le atinas al surco. El vinyl no sufre pero siempre corres el peligro de chingarte la aguja.

20. Una vez enviciado en el vinyl te preocupas por tener una aguja de la mejor calidad. Y si eres lo suficientemente pendejo como yo vas a comprarte una de 4 mil 500 pesos. Son agujas tan delicadas que luego calibrar la torna es un reto tan grande como escribir una novela de quinientas páginas.

21. Nadie te alecciona tampoco de que existe una técnica para tocar vinyles. Que debes usar la palanquita para mover el brazo. Nunca hacerlo directamente del cabezal. Que debe caer desde arriba y lentamente para que si no cae en el surco de primera pueda acomodarse fácilmente con la caída.

22. Nada emputa como comprar un vinyl por correo y te llegue pandeado.

23. Algunas noches despierto gritando: tengo más de dos años con la torna y todavía tengo pesadillas con el antiskating.

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