Virtuosismo Visceral

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En tiempos en que la consigna del artista apela al distanciamiento emocional, la figura de Demián Flores irrumpe con virtuosismo visceral. Antropofagia, once aguafuertes, tunea las imágenes que el artista holandés Theodor De Bry confeccionó sobre el Nuevo Mundo a partir de la visión de terceros, él jamás puso un pie en nuestro continente. Este trabajo continúa la serie en que intervino Los desastres de la guerra de Goya. Ambos proyectos sobrepasan el mero hecho del realismo alterado para establecer un vínculo entre la teoría y el espíritu. Despojar al arte de la excesiva dependencia de la interpretación que sufre en el presente. Con la reapropiación de los elementos, Flores pone el dedo en la llaga en cuanto al tratamiento de la violencia en lo político, lo histórico y lo simbólico. Lo que sitúa al espectador frente a un estruendo conceptual.

La labor de Flores discurre por un campo indeterminado, trasciende la mera radicalización de un discurso, adopta prácticas de los viejos maestros para corromperlas e instaurar una nueva memoria. Es en la construcción de una nueva memoria donde reside la preocupación estética de Antropofagia. Donde termina el retablo, el grabado, la imagen, comienza la leyenda negra. El despojo se convierte entonces en la principal herramienta de trabajo de Flores. Y emprende una ruta hacia la resignificación de todo lo que nos ha restado la memoria. Con su intervención Flores despoja lo plañidero que permea las obras de De Bry. Pero eso sólo es el principio de la cadena.
Despoja a la realidad de la versión oficial, establece un nuevo huerfanismo del copyright, despeja al presente del ready made asumido por la museografía. Si bien es un hecho que Antropofagia es una serie que se exhibe en un museo, la obra de Flores no transcurre en el museo.

Y es precisamente su cualidad antinatural la que obsesiona a Flores. Su sensibilidad transita por documentos anclados en el pasado pero de raigambre rabiosamente contemporánea. Notario histórico es una figura con la que fantasea el estudio de la historia. Consiste en la autoridad de un historiador para dar fe histórica a los hechos. Un disparate. Para contar con tal facultad el historiador debe remontarse al momento exacto en que se produjo el hecho. Pero desde su tarea Flores consigue erigirse como un notario histórico. Con la distorsión que infringe a De Bry fija la memoria nueva. A nadie le interesa certificar si en verdad las cosas ocurrieron tal y como lo refleja en De Bry. Tomamos por verdadera la notaria estética de Flores. Y nadie pone en duda que la visión (construida a partir de leyendas) sea la auténtica.

Antropofagia parte de un cuestionamiento político-social, pero más que nada es una crítica de los procesos. La disección del trasunto creativo también incide en la edificación de una nueva moral (o la ausencia de ella). La interrogante de todos los elementos que se ponen en juego al momento de la revivificación de la obra se ven inspeccionados en el trabajo de Flores. El contraste de la vida cotidiana correspondiente a De Bry y el presente se desdibuja. Pero más allá del contenido, también el de la obra misma al momento de su ejecución. Es el orfebre histórico que se mueve por territorios atemporales. Que ocurren dentro del aguafuerte pero que obedecen a la oralidad fantasma en la se fundó la visión de De Bry desde un inicio. El espectro como materia principal del derramamiento de sangre.

No es la temática lo que disecciona sino el que procesa. Procesar para Flores es empatar la teoría con el espíritu. Sobresale el planteamiento de una metodología del trabajo como una concepción del sujeto. El trance de unificar lo teórico con el alma. De Bry con el sur. Una visión del ámbito que nos rodea, auténtica y testimonial en su dimensión de dominio sobre la intención de la pieza.

Antropofagia es el paisaje mexicano remendado por la mano del orfebre. El paisaje somos nosotros, dice Flores. A nosotros nos corresponde anticipar.

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