Viven tarde aciaga los toreros en La México

Vestida de zarco y plenisolada, la tarde de vuelta del fierro de Piedras Negras a La México, fue de suerte total para los cinqueños del corbatín y gran estampa cárdena, que revelaron que el verdadero rey de la fiesta será siempre el astado.

Antonio García El Chihuahua, obispo y oro, abrió plaza con Legendario y sus 481 kilos de pelaje cárdeno claro, nevado de los cuartos traseros, caribello y un papadón de embestidas ásperas y desordenadas, que pasó por un puyazo enorme de Guillermo Cobos, y unas banderillas espectaculares del mismo matador, a petición del respetable.

Dando una lidia abajeña por naturales sin mucho que agregar, el burel fue atacado con muletazos de aliño bien aplaudidos, antes de entrar por uvas en suerte contraria, dejando una estocada defectuosa pero asertiva, que hizo que el juarense besara el ruedo de La México.

Siguió en el juego el regio Juan Fernando, coral y oro, armado con estoque de su maestro Eloy Cavazos ante un entrepelado Artillero, de 497 kilos, paliaperto enmorrillado, meano, apenas jirón y caribello ojito de perdiz al que Eduardo Rivera sostuvo en la bara en una reunión de bravatas, muy discutida. Por doblones y por ambos pitones, Juan corrió la mano con temple por puerta de picadores, clavando medio espadazo ténue, yéndose con dos avisos, casi tres, bastante nervioso.

Para Mario Aguilar, tela en salmón y recamado en oro, el más interesante de la tarde, el bocinero Ranchero, con 465 de músculos en lámina cárdena clara, nevadito botinero, que salió abanto al puyazo trasero de Juan Carlos Paz, pero por buenos pares de rehiletes por parte de Marco Donez.

Muleta en alto siempre, la embestida deslució los trastes, los cambiazos por la espalda que de pronto subieron el tono de la faena en tandas por naturales, templados con la mano bien desmallada. Pero el toro devino en pinchazo caído, y el coletudo se fue con dos avisos, fallando en el descabello y un toro amorcillado.

A Antonio Romero, carmín y oro, tocó la suerte del más bravo, Caporal, 526 kilogramos de cárdeno claro, corniapretado y lomitendido, al que saludó de hinojos y con verónicas muy sentidas, esbozando gran triunfo con un bellísimo ejemplar que dejaría estar, pero que sorprendería a todos los tendidos al pegarle un derrotazo en los pies al rehiletero consentido de la plaza, Cristian Sánchez, lesionándolo de la rodilla.

No obstante ese desasosiego momentáneo, el de Zacatecas jugó con su burel en los medios, le dio pases por la espalda y entregó un festín de telada de pitón a pitón, girando por martinetes, en sabrosa tanda intensa, con el toro pasando con mucha claridad, conectando con los tendidos, echando sendos faroles, arriesgando todo, bien confiado.

Ya con el vivaz rugido de los pocos asistentes en la mano, al paso del toro con muleta por la espalda, un descollón del animal se lleva por delante al coleta, dejando grave herida en la entrepierna, mandando al hospital al de luces. El Chihuahua acaba malpasaportando al toro de Romero, luego de cinco pinchazos y dos avisos, en medio de un arreón que estaba hecho ya el cornúpeta.

La noche llegó y Agradecido, el quinto, fue la segunda suerte que El Chihuahua no comprendió. De sombrero de charro, cárdeno oscuro, bragado meano, de 522 kilos de seriedad y gargantillo, rabicano y un morrillo lucido, al que banderilleó sin dudas, pero con el que falló del todo con la toledana.

Cárdeno claro, Mandamás, fue el único desclasado de la tarde con 465 de riñón para Mario Aguilar, que a pesar de su firme toque, cerró plaza buscando fuerza, donde ya había solamente extenuantes remos.