Vuelve Ben-Hur: La Fórmula-1 del Imperio Romano

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Sin duda dos de los espectáculos favoritos de las masas en la antigua Roma eran las carreras del Circo Máximo, heredadas del mundo griego y los juegos gladiatorios, una bárbara derivación del atletismo griego, protagonizada por esclavos y que acababa en baños de sangre y muerte.

Las carreras de carros recogían indirectamente la tradición del olimpismo griego, en el que las carreras en el hipódromo eran el centro de los juegos por su espectacular desarrollo y por ser financiadas por los grandes potentados de la época, que eran realmente los que obtenían el honor y la gloria del triunfo.

En Roma, frente a Grecia, un esclavo que debía conducir la biga, no era el dueño de los caballos y el carro pero se convertía en toda una estrella para la sociedad. Las carreras fueron un útil instrumento de dominación social: Los ciudadanos más pobres podían acceder a este espectáculo, ofrecido por su líder político, y acercarse al emperador, que se unía de esta manera a su pueblo.

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El público se organizaba en facciones que apoyaban a uno u otro esclavo, llegando a protagonizar enfrentamientos violentos.

Las facciones del circo constantinopolitano, más rebeldes que las romanas, llegaron a protagonizar sonadas revueltas contra emperadores como Justiniano. El control social se acabaría convirtiendo en descontrol.

Roma
supone un desarrollo de un ocio mal entendido, como entretenimiento vacío, arma de propaganda, embrutecimiento y dominación. El ocio se comienza a expresar en actividades concretas y colectivas, no ya en términos ideales, regido por la búsqueda de lo inmediato y del placer material y desprovisto de los parámetros de moralidad expresados por los filósofos griegos y latinos.

El tiempo libre, en suma, se moderniza notablemente en Roma: se empezará a parecer, de forma precursora, a nuestra idea de ocio, que cada vez, por desgracia, es más alienante y ajena a lo intelectual. Mantener, pues, al pueblo entretenido y lejos de la reflexión parece ser uno de los objetivos del poder en todas las épocas. Otro había de ser el ocio culto del ciudadano.