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El universitario, en una fotografía compartida en internet.

A casi una semana de haber sido agredido al concluir el mitin estudiantil del pasado lunes 3 de septiembre en Ciudad Universitaria, Joel Sebastián Meza García, dijo esperar que los acontecimientos se resuelvan.

En breve entrevista para La Razón, aseguró conocer que la máxima casa de estudios interpuso denuncias ante la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México y ante la Procuraduría General de la República.

“Supe que la UNAM puso unas denuncias, me lo dijo (el rector Enrique) Graue cuando vino a verme; dijo que la UNAM se ocupará de que se hagan las investigaciones. Yo espero que sí; no es posible que en la universidad se presenten actos de agresión”, explicó.

  • El dato: Además de Sebastián, un estudiante de la Escuela Nacional Preparatoria también tuvo que ser hospitalizado a causa de sus heridas.

El joven de 21 años, alumno del quinto semestre de la licenciatura en Estudios Latinoamericanos, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, fue sometido a dos operaciones para salvar su riñón herido en dos ocasiones por un arma blanca.

Afirma que ahora se siente mejor, aunque, señala: “tengo dolor de espalda por las heridas y por estar todo el tiempo acostado”.

“No me extraña”, responde con un dejo decepción al enterarse que dos sospechosos del ataque fueron detenidos para luego ser liberados por falta de elementos. Su evidente buen ánimo no logra ocultar el esfuerzo por mantener una charla sobre lo acontecido.

Con el único deseo de salir del hospital lo más pronto posible y en las mejores condiciones, el universitario, que en las convivencias sobresale por su capacidad argumentativa y sus planteamientos, admitió que por un momento temió un final funesto.

“Pensé que podía morir. No entendía por qué ocurría eso y por qué a mí”, hace una pausa para tomar aliento y para tratar de tragar la poca saliva que queda en su boca; “disculpa”, dice.

Al preguntarle sobre una posible colusión entre la autoridades y los grupos porriles, Joe, como le dicen sus amigos, se limitó a decir que en este caso había una demanda auténtica.

“Los compas de Azcapo venían a demandar algo, agresiones, actitudes prepotentes y autoritarias de la directora; no se admite la colusión entre esos grupos de choque y las autoridades —toma un respiro—, pero mira, en un acto en el que se protesta contra eso, los resultados fueron justamente, uno de los motivos de la demanda: la violencia; y yo estoy aquí. Si están o no coludidos, yo estoy aquí”, sentencia.

La seguridad en la Universidad Nacional está rebasada, consideró. “No es posible que todos los madrazos fueron frente a Rectoría, con la seguridad de la UNAM y no trataron de impedirlo”, menciona con cierto enojo, que se ve superado por el dolor que provoca el más mínimo esfuerzo en la carne viva.

Después de un instante, concluye con una frase su opinión sobre la autonomía de la UNAM: “la autonomía no tiene que ver sólo con la presencia de policía, involucra más elementos, pero ahorita no quiero pensar en eso, lo que me interesa es salir de aquí, no había hablado de nada al respecto y la neta no pensaba hacerlo; sólo quiero irme, ya quiero caminar”, añora, mientras se reclinasobre una almohada que ya tiene la forma de su cabeza.

¿Qué va a pasar después, Sebas?, pregunté para iniciar la despedida. “No sé, no sé, no he pensado en eso; sólo quiero reponerme, que ya no me duela, lo demás se verá después; mi prioridad es mi vida, recuperarme para irme”, finalizó.