El coreógrafo mexicano Raúl Tamez se alzó por segunda vez con el Premio Nacional de Danza Guillermo Arriaga, en esta ocasión en la categoría A, Trayectoria Consolidada, con Flores negras para Violeta, un canto a las maternidades, a la violencia de género y a la figura de la intérprete de “Arauco tiene una pena”. Una pieza que no ha dejado indiferente, pues ha recibido algunas reacciones en redes sociales en las que se critica cómo aborda dichos temas. No es la primera vez que sus obras generan controversia; se ha enfrentado a la censura por incluir desnudos. En entrevista con La Razón habla de cómo ha sido su camino desde que fue galardonado por primera vez con este reconocimiento hasta ahora, lo autobiográfico que hay en la pieza ganadora, la reciente lesión en la rodilla que enfrenta y de las críticas que ha recibido.
Hace nueve años ganaste el Premio Nacional de Danza Guillermo Arriaga con El mágico teatro de la muerte. De ese momento hasta ahora, ¿qué ha cambiado en tu danza y qué intereses mantienes? Me gusta mucho la etnografía, el origen, las civilizaciones que nos antecedieron y también me gustan los discursos no occidentales, contrario a lo que digan algunas críticas, porque hay gente que piensa que es al revés. Me gusta desvincular la creación artística de los modelos convencionales, los colonialismos, el pensamiento judeocristiano, las estéticas impuestas por las tendencias o el sistema. Hay algo del origen, de la conexión con la cosmogonía, con el ritual muy presente en mi búsqueda. Eso es lo que se ha ido acentuando en los últimos años.

En 2016 decías que el premio era el inicio de una trayectoria. Ahora que lo vuelves a ganar, ¿qué quieres que signifique? Estoy enamorado de la danza, de la creación. A pesar de mi lesión que me va a imposibilitar bailar quizás por un año, porque la danza es una práctica que nos vulnera en todos los sentidos, lo único que deseo es seguir haciendo coreografía hasta el fin de mis días. Sé que soy una de las voces relevantes de la danza, eso es muy bello. Sé que estoy en el ojo del huracán, que mis propuestas tienen mayor visibilidad, que he adquirido una popularidad inusual. Hace poco que hice la Novena sinfonía en Bellas Artes, los boletos se agotaron en dos días, ¿eso a quién le pasa, a Juan Gabriel? Ocurría en tiempos del Ballet Teatro del Espacio.
Qué bonito que pueda ser un coreógrafo que acceda a tanto público y eso lo que hace es enaltecer la danza contemporánea. La gente está empezando a incluir la danza contemporánea en su imaginario cultural.
¿Cómo surge Flores negras para Violeta? Esta obra que hice está inspirada en Violeta Parra, la abuela o bisabuela de la trova latinoamericana. Fue una revolucionaria en su época, era como una antropóloga, porque iba de pueblo en pueblo recopilando la música tradicional de Chile. Fue símbolo del feminismo. Hay algo que me hace sentir reflejado e inspirado.
Abordas las maternidades, un tema recurrente en tu obra, también la violencia de género. ¿Desde qué perspectiva te acercas? El tema femenino y de la maternidad es recurrente, porque mi mamá fue secuestrada, fue metida a una red de trata de personas, eso le generó una esquizofrenia, terminó viviendo en la calle. Fue una historia muy dura. De entrada, a nivel autobiográfico hay una resonancia enorme de todo lo que le puede pasar a una mujer en nuestro país y en el mundo, pero también, como no conviví con ella, tuve a una mamá adoptiva, por supuesto que el tema de maternar o no, de la orfandad, para mí es algo sensible.
Ha habido reacciones hacia la obra, sobre cómo se retrata la violencia, ¿qué dices al respecto? Me sorprende que la mayoría de las personas que llegan a lanzar esas apreciaciones en las redes sociales lo hacen porque se pueden encubrir. Si me escribieran directamente, me hablaran por teléfono, lo consideraría un acto de valentía. Lamento que se haya percibido eso, cuando en realidad mi propósito era todo lo contrario. La obra enuncia algo que ocurre todos los días en nuestra sociedad; se queda corta.
En este tiempo en el que una obra puede ser motivo de escarnio en redes, ¿hay coreógrafos que llegan a autocensurarse? Sí, muchos se autocensuran. Son tiempos de nuevos puritarismos muy extraños, muy siniestros, todo se malinterpreta. Yo he tenido muchos problemas en ese sentido. Mis obras de desnudos no se han podido presentar en los foros, ni siquiera en Nueva York, ahí tuve muchos problemas con un solo de desnudo. Lancé una convocatoria para bailarines trans y me atacaron muchísimo, porque yo no era trans. No soy trans, pero soy queer, gay, he luchado un montón por mis derechos. Claro que puedo hablar de lo trans, de la mujer por todo lo que le pasó a mi mamá, de la maternidad.
Raúl Tamez
Bailarín y coreógrafo
Nació: 20 de febrero de 1987, CDMX
Trayectoria: ganó dos Lunas del Auditorio, obtuvo el Bessie Awards en NY, se convirtió en el primer mexicano en crear una obra para la Limón Dance Company


