SI PUDIÉRAMOS ver la huella que deja una canción común, sería el dibujo de una línea con desniveles, ondulaciones y pequeños brincos fluyendo en la tranquilidad del rock, el pop o cualquier variante del reguetón. Aparece un grupo de free jazz como Torso Corso que altera esa calma sonora y la gráfica empieza a saltar en zig-zag, como la línea quebradiza del sismógrafo nacional cuando retiembla en su centro la tierra. Para qué tanto brinco estando el piso tan parejo, se preguntan desde la célebre zona de confort. Será para evitar el aburrimiento y darle a la música la extraña emoción que puede causarnos un temblor.
ESTE SEXTETO EXPERIMENTAL mexicano, que tomó su nombre de la canción “Torso Corso” de la cantante francesa de no wave Lizzy Mercier Descloux, acaba de lanzar su segundo EP Imperio de Barnices, Pinturas del Sur, en plataformas musicales y en vinilo. Ya lo tenían grabado desde 2023, se sabe que es parte de una obra más amplia, pero hasta ahora publicaron la edición física: Trescientas copias de un disco de larga duración color azul. Ellos dicen que prefieren no tener un estilo definido, sino muchos en cada composición. Pero si alguien me pregunta a qué suenan, diría que a Fantomas + Primus + Coltrane + John Zorn y a la forma en la que trabajaron para grabarlo. Ellos son el saxofonista Ernesto del Puerto, el guitarrista Emiliano Cruz, el baterista Dalí Sánchez, la saxofonista María Goded, el bajista Ayamel Fernández y Bernardo Moctezuma en la guitarra y el piano. La forma de trabajo fue contraria a su primer disco, ahora llegaron a ensayar con algunas ideas, empezaron a improvisar y terminaron escribiendo las composiciones.
Se trata, afirman, de piezas cortas que oscilan de uno a tres minutos y que van construyendo una suite como pequeños movimientos. O microsismos musicales que te sorprenden, te sacuden y se van como aparecieron en un disco conceptual: “Imperio de Barnices”, “Blanco Pútrido”, “Lava Biru–Kawah Ljen”, “Trementina” / “Verde de la Vejiga de los Sapos”, “Amarillo de la Orina de las Vacas que Comen Hojas de Mango”, “El Color que Cayó del Cielo” y “Pinturas del Sur”. No es que te vuelen la cabeza, como suele decirse, es que son las piezas de un rompecabezas musical que requiere su tiempo y estado de ánimo para armarlo. Tampoco es una música fácil, más bien es inasible, rápida, vertiginosa, hecha de variaciones, muy elástica y visceral, producida desde algún punto entre la academia y la calle. Por más caótica que pueda sonar, aseguran tener escrita cada nota grabada, una garantía de que no se trata de algo complaciente hecho para redes sociales o con alguna aplicación, pero siempre crean un espacio para la improvisación en vivo.

Diversa Cultural
Lo curioso de Torso Corso es que no dejan indiferente a nadie. Demasiado jazzeros para los festivales de rock extremo, demasiado rockeros para los festivales de jazz y fusión. Esa es la percepción que su inquietante sonido genera cuando se presentan en foros tradicionales y experimentales. Ritmos telúricos de una ciudad que
no deja de sacudirse.

