Crónica fragmentaria de una feria muy anunciada

En esta crónica de la Feria del libro de Guadalajara, dedicada a la ciudad de Barcelona, nuestro colaborador Guillermo de la Mora comparte sus impresiones sobre el evento anual multitudinario relacionado con la industria editorial en español. A modo de fragmentos, deja en este texto aforístico un testimonio de su vagabundeo por pasillos, conferencias y sus hallazgos literarios

Pabellón de Barcelona, ciudad a la que está dedicada la Feria Internacional del Libro de Guadalajara este 2025
Pabellón de Barcelona, ciudad a la que está dedicada la Feria Internacional del Libro de Guadalajara este 2025 Foto: Cuartoscuro

La trigésima novena edición de la Feria Internacional del libro de Guadalajara tuvo una asistencia récord de 935 mil visitantes. Esto se debió en gran parte a la importancia del país invitado: Richard Gere.

La literatura se ha vuelto un huésped exótico en una sociedad de consumo masivo e inmediato. Los escritores permanecen desconocidos no solamente para las masas, sino para la mayoría de las clases altas y medias. Han sido opacados por los comunicadores mediáticos, en su gran mayoría semialfabetos.

¿Dónde escondieron a Enrique Vila-Matas?

El tema más polémico de esta feria no fue literario, sino vial. Un nudo gordiano volvió a conformarse entre Avenida de Las Rosas y Mariano Otero. Los poetas no han descubierto aún allí a su mayor público cautivo.

Para una buena parte de los asistentes, la propuesta gastronómica dentro del recinto consistió en comer papas con salsa Valentina a sobreprecio.

¿Dónde se encuentra Juanjo Sáez? El foro de novela gráfica requería de su arròs covat.

Se ha invitado a España y luego a Barcelona de manera consecutiva como invitados especiales y no he visto una sola pata de jamón serrano ni de vino en las presentaciones o cafeterías. Ni siquiera un pan tumaca de consuelo. Para comer espartanamente, al menos hubiéramos tenido escritores ingleses.

Los libros, sin vino y charla, deslucen.

El trabajo del editor es el de acomodar de alguna manera el mundo, darle importancia a lo que es valioso, sobre todo lo aquello que no es evidente.

Poetas catalanes a quienes debo una torta ahogada de pulpo zarandeado en su próxima visita:

Mireia Calafell

Xavier Mas Craviotto

Eduard Olesti

Adrià Targa

Hicieron de una velada de lecturas, un banquete de la palabra en catalán, latín y castellano.

Y había jamón serrano.

A 5 kilómetros de la FIL, por supuesto.

Además, esa misma velada adopté a una nueva tía transatlántica (gané su favor tras un duelo a primera sangre en una pulquería cercana)

Ya nos veremos Marta…

—¿Qué es un catalán?— le pregunta Benito Taibo a Joan Manuel Serrat.

—Yo soy un cantalán.

¿Dónde quedó el homenaje a Jorge Herralde? Anagrama forjó a una generación de lectores. Antaño, esta misma feria fue una de sus plataformas más relevantes. Su sombra nos acompañaba en silencio.

Pepitas de publicaciones recientes encontradas en el área internacional:

Conferencias de Buenos Aires de Stefan Zweig (El misterio de la creación artística) publicado por la editorial chilena La Pollera y traducida por Pola Iriarte.

Morfina de Mijaíl Bulgákov, publicado por la editorial La Tercera Editora de Argentina. Traducción directa del ruso de Alejandro Ariel González.

Mil cretins de Quim Monzó, en la editorial Quaderns Crema.

Muchos stands hacen presentaciones en sus diminutos foros. Demasiados micrófonos prendidos al mismo tiempo.

Y poco se escucha.

El pasillo de libros de viejo es un espacio interesante y subexplotado en la feria. Hay piezas valiosas, pues los libreros de varias ciudades del país se esmeran en traer sus mejores ejemplares. Pero carece de sus propias actividades y foro común.

¿Dónde quedó la bibliofilia?

Pedí opinión sobre el buffet tapatío-catalán del hotel Barceló al chef local Alberto Magaña.

Su veredicto: Fusión fallida.

Excepciones meritorias: Arroz meloso con camarones, mejillones y almejas.

Pollo al vino tinto con gambas.

Una metáfora posible para aquello que sucedió en el terreno de las letras.

Jordi Soler: “Antes de conocer la música de Serrat, creía que el catalán era una lengua que habían inventado los viejos para que los vecinos no los entendieran”.

¿Dónde quedó la mesa redonda alrededor del legado

del editor Carlos Barral? ¿De tantos otros catalanes

que dinamizaron esta industria?

¿Dónde quedó Valeria Bergalli con su genial y minúscula editorial?

¿Dónde quedaron las mesas sobre Pere Calders y Max Aub?

¿Sobre el exilio catalán en México?

¿Dónde está el escritor Sergi Bellver?

Demasiado lejos de aquí, sin invitación.

El próximo país invitado será Italia. Si no se podrá comer bien con este convidado en el marco de la feria, propongo que mejor inviten a hologramas de Juan Pablo II.

Donde hay gente eventualmente hay hambre. Había mucha de ambas. Y toneladas de chatarra para saciarlas.

Pasillos de libros basura que llevan a puestos de comida basura. Pero todo se vende.

El hambre por el conocimiento es aquella que nos protege de la barbarie.

Cuando la FIL cerraba sus puertas, nadie pensó en reproducir en las bocinas la canción “Mediterráneo” y distribuir paella.

Aún estamos lejos de la civilización.

Crónica fragmentaria de una feria muy anunciada
Crónica fragmentaria de una feria muy anunciada ı Foto: Especial