Nos descomponemos cuando se nos salen las cosas de control, cuando nos cometen una injusticia y cuando se nubla la razón y solo pensamos en nosotros mismos sin importar los demás.
Hay tantas formas de explotar emocional y racionalmente en estos tiempos. No solo es la cotidianidad de nuestras vidas, sino el mal humor que nos inyecta escuchar las noticias, las declaraciones de políticos, las permisividades civiles y la cada vez más falta de respeto en las calles.
Este 2025 las escenas de violencia han ido en aumento, cada día una supera a la otra y nuestro cerebro va acumulando a personas desconocidas haciendo actos tan inhumanos que vamos armando una película con clasificación “solo para adultos y con altos niveles de violencia”.

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Solo por traer imágenes a su mente: los asaltos en carretera a inicios de año con la camioneta cerrándole el paso a civiles, el rancho en Teuchitlán con los cientos de pares de zapatos, el crematorio, los chavos del Tec Milenio de Monterrey que atacaron y agredieron sexualmente a un compañero en el baño y se atrevieron a subir una foto, los golpes de los aficionados del América contra las Chivas, las madres buscadoras asesinadas, y por solo mencionar una de ayer, a la señora Carlota que fue a disparar directamente a quienes ocuparon su propiedad.
Doña Carlota sabía a lo que iba, iba armada y sabía cómo utilizarla. Llegó acompañada en un auto, mientras bajaba del auto se tomó el tiempo para poner la balas, preparar su pistola y disparar.
No andaba con rodeos, ella lo sabía muy bien. Sin ningún diálogo o debate entre los presuntos ocupantes de su casa, se fue directo y disparó a quemarropa.
A doña Carlota le conocimos por su rostro enojado y dispuesto a matar. Se descompuso ante la nula respuesta de las autoridades para retirar “presuntamente” a los hombres y mujeres que ya habitaban su casa.
Vaya usted a saber qué líos tenían entre las familias, cómo llegaron a meterse a la casa, cómo sabía ella que estaban allí, pero lo más preocupante es entender que una mujer mayor como doña Carlota sabía usar el arma, sabía disparar y para ser claros sabía matar.
Ella es una de tantas mexicanas y mexicanos que toman justicia a manos propias, que hoy porque fue grabada por una de las personas al interior de la casa es que nos dimos cuenta, de lo contrario, se hubiera convertido en una nota roja nada más.
Doña Carlota está enojada y tiene cómo solucionar su problema, porque así lo ha solucionado antes.
En un país en donde las autoridades cada vez se preocupan menos por la gente y mucho menos actúan en beneficio de ellas, esta escena puede pasar.
Es una descomposición social y política, donde la permisividad ha orillado a doña Carlota a defenderse a mano armada de quien se le ponga en su camino.
Ojalá tomáramos esta imagen como lo que NO debemos hacer, y como NO debemos descomponernos.

