Confieso que dudé mucho en escribir una opinión sobre la liberación de Israel Vallarta, preso durante casi 20 años sin sentencia firme, acusado de delincuencia organizada, privación ilegal de la libertad y posesión de armas de uso exclusivo del Ejército, en el que indiscutiblemente ha sido uno de los casos judiciales más mediáticos en México y con mucha oscuridad en el camino.
Porque en lo personal no creo en la inocencia del señor Vallarta, y menos comprendo la campaña de “prestigio” que se ha orquestado en su favor, en un momento en el que la justicia es tema medular en nuestro país.
El caso de Florence Cassez e Israel Vallarta se desarrolló plagado de irregularidades, montajes mediáticos y violaciones al debido proceso; un complejísimo rompecabezas judicial, que la Fiscalía probó tener poca audacia para armar.

Una más sin visa
En ese sentido lo que se puede afirmar es que, Israel Vallarta nunca fue absuelto por una declaración de inocencia, sino liberado por falta de pruebas para culparlo. No es lo mismo.

Sí, indiscutiblemente su caso quedará como uno de los más emblemáticos de injusticia en México, pero la pregunta es: ¿injusticia para quién?…
El periodista Pablo Reinah, involucrado en la cobertura de la detención de Vallarta en 2005, siendo entonces reportero de Televisa, recuerda que acudió a un llamado de rutina: “Lo que yo sabía es que me habían convocado a entrevistar a presuntos responsables y a las víctimas. Dicha invitación fue hecha por Luis Cárdenas Palomino, entonces funcionario de Seguridad”, me dijo en entrevista para El Nido de la Garza.
Su versión coincide con la que siempre ha sostenido el reportero Miguel Aquino, entonces encargado de coberturas de seguridad en Fuerza Informativa Azteca.
Dos meses después del hecho, Reinah fue despedido del medio informativo donde laboraba, luego de que Genaro García Luna (hoy preso en EU) asegurara en entrevista en cadena nacional, que la detención de Vallarta y Cassez había sido una recreación a petición de medios, sin decir cuáles.
“Todos los medios reportamos lo mismo, porque ésa era la versión oficial”, asegura Reinah, quien exigió una investigación ante la CNDH y consiguió la emisión del único documento que existe —dirigido a él— en el que la autoridad admite que mintió.
Dicho documento fue utilizado una y otra vez por la defensa de la francesa Florence Cassez, quien finalmente consiguió su libertad en 2013, porque se acreditaron fallas al debido proceso, mas no su inocencia.
Pablo Reinah asegura que ese preciado documento emitido por la CNDH le costó a él y a la propia Comisión, intimidantes amenazas.
Lo inédito del caso es que fueron comunicadores los llamados a declarar y a enfrentar un careo con los acusados, bajo el argumento de que no eran periodistas en cobertura, sino testigos de los hechos, como lo narra Miguel Aquino:
“Tuvimos que ir a declarar porque la defensa de Cassez, a través de la embajada de Francia, metieron una serie de trámites judiciales y se ordenó que nos presentáramos a declarar”.
“Yo me careé con Israel Vallarta y él me decía: ‘tú estabas ahí y viste cómo me golpeaba Cárdenas Palomino’. No era cierto. Yo no estaba en tierra...”
Efectivamente, el reportero Miguel Aquino estaba asignado al helicóptero de noticias y llegó tarde al lugar por culpa de un banco de neblina. “Y querían que asentara algo falso”, me narró.
El relato de los periodistas de ambas televisoras coincide en algo más: aquel 9 de diciembre de 2005 no hubo un grupo de reporteros coludidos con la policía para fabricar culpables; lo que hubo fue una manipulación calculada de los medios, para presentar una historia que beneficiara a las autoridades.
De vuelta a la actualidad, desde la supuesta inocencia de Israel Vallarta, se asoma la indiferencia sobre las víctimas de aquel secuestro, porque la conversación pública se movió hacia una narrativa política y mediática.
Parece que ya nadie quiere acordarse que durante el juicio, las víctimas identificaron a Vallarta y Cassez como sus captores.
Si ellos no fueron los secuestradores, entonces ¿quiénes fueron? ¿Dónde están? ¿Alguien los está buscando?…
Aquella madre que fue secuestrada con su hijo merece esa respuesta, o aquel joven, hijo de un comerciante del Estado de México secuestrado, también la merece.
Todos ellos terminaron huyendo del país, porque el Estado nunca pudo brindarles garantías de seguridad.
Así que la libertad de Israel Vallarta puede representar un gran triunfo de la justicia, o simbolizar una catastrófica evidencia de las profundas grietas de nuestro sistema judicial, insano e inescrupuloso.
Ésa es la gran interrogante en esta historia que puede no haber escrito aún su última página…
