De acuerdo con una de las culturas más antiguas de la humanidad —y que sigue del todo vital e impetuosa en estos tiempos—, el judío errante fue condenado a vagar por siempre, sin hallar jamás reposo en la Tierra. El relato que ahora ofrecemos crea un vínculo entre ese personaje simbólico y la segregación, dado que el primer ghetto para los hebreos se estableció en Venecia, ciudad en la que hoy conviven su barrio antiguo y su barrio nuevo. El protagonista del cuento halla, sin buscarlo, el inicio de la trashumancia perpetua.
Para la eternidad
Jaime Moreno Villarreal

