Martes 29.09.2020 - 01:53

Acoso orquestado

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Pablo Hiriart

Es el mismo estilo de siempre y las huellas dactilares se ven desde un avión. La persecución física y el amedrentamiento contra los adversarios políticos en momentos importantes, ha sido una estrategia recurrente del lopezobradorismo.

Ahora la usan, y la seguirán usando, contra Peña Nieto.

Se dicen sorprendidos cuando se les exhibe, lo niegan y acusan de que están siendo calumniados. Su historial los evidencia.

El mismo día que asumió el Presidente Calderón en San Lázaro, los legisladores del PRD-PT-Convergencia (no todos), quisieron impedir la sesión por la vía de la fuerza.

A Felipe Calderón le hicieron marcaje personal en sus primeras giras, en México y en el extranjero, con insultos e intentos de agresión. Fracasaron.

Tenían y tienen derecho a protestar. Pero no esperen que se guarde silencio sobre sus acciones.

Cuando se decretó la desaparición de Luz y Fuerza del Centro, integrantes del grupo minoritario de Martín Esparza, en el SME, se dieron a la tarea de perseguir al secretario del Trabajo Javier Lozano.

Apedrearon su coche para intentar abrirlo y bajar al secretario, no precisamente con fines de diálogo.

Hasta la casa de Lozano quisieron llegar para agredir a su familia.

Atacaron autobuses, golpearon a particulares en las calles, quemaron vehículos, golpearon a trabajadores de CFE y realizaron sabotajes a las instalaciones eléctricas de la ciudad.

En su campaña por la gubernatura del Estado de México, Luis Felipe Bravo Mena también padeció el acoso de esos grupos radicales en la FES Acatlán, y debió ser sacado por la puerta trasera para no ser presa de los violentos.

Esos son los seguidores del candidato de la paz y del amor. ¿Hay algo de inverosímil en que sigan ahora el mismo patrón de conducta contra Peña Nieto?

A algunos de los principales generadores de manifestaciones de ese tipo, como el diputado Gerardo Fernández Noroña, ya le pidieron que desaparezca de actos públicos.

Cuidan la imagen, pero utilizan a otros. El punto es hacer el mismo daño pero no involucrarse de una manera directa.

En la excelente nota de Nancy Escobar, publicada ayer en este diario, se puede entender esa estrategia: hacer creer que las protestas contra Peña Nieto son manifestaciones “espontáneas”.

No es así. Vienen manejadas. Son parte de una estrategia, aunque se prohíba a los manifestantes llevar logos o banderolas del PRD.

Tienen todo el derecho a protestar. A gritarle sus agravios a un candidato presidencial. Sí y mil veces sí.

Pero no pueden aspirar a que todos les creamos que son expresiones espontáneas de ciudadanos indignados contra un candidato de oposición.

Ni tampoco pueden esperar a que sólo ellos puedan decir lo que piensan, y que en medios de comunicación se guarde silencio ante su impostura y comulguemos con ruedas de molino.

phl@3.80.3.65

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