JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:
  • xavier_hidalgo

Mátame pero no me dejes parece ser el lema que muchos han antepuesto al amor. Y es que estos relatos, los de amor, desamor y lo contrario son, sin lugar a dudas, los más recurrentes en la historia, no del cine, de la humanidad. Pocas cosas nos ocupan tanto como las relaciones.

La de Amor Mío es una de esas historias que no obedecen regla alguna: no hay lógica o impulso que la sustenten y es que, seamos honestos, así terminan siendo las relaciones humanas, imposibles de predecir.

El título original de la película es Mon Roi (Mi Rey) y es quizá es más descriptivo que el elegido en nuestro idioma porque al final la directora de la cinta, la francesa Maïween, nos describe a lo largo del filme la enfermedad en que se puede convertir el amor. Y es, precisamente, ahí donde la frase inicial de esta columna cobra sentido.

La cinta arranca cuando Tony (interpretada por la realizadora y actriz Emmanuelle Bercot) se rompe una pierna esquiando. Al accidente le sigue una dolorosa rehabilitación que la realizadora utiliza como metáfora de la recomposición anímica de su protagonista así como de la relación. Entre aparatos y ejercicios nos muestra a través de flashbacks la historia de amor, los inicios, tanto de la pareja como de los grandes conflictos que habitan en ella. La historia no es nueva, pero la cineasta se ampara en un tono estridente (que por momento se vuelve desabrido) para que lo parezca.

Y como en la vida, en el cine uno debe elegir. En este caso, Maïwenn escoge un punto de vista que excluye al hombre de su radio de empatía, mostrándolo como un peligroso encantador de serpientes. Y si además éste, está interpretado por un seductor de tamaño de Vincent Cassel, la mesa está puesta.

Cassel, que debo decir se ve cómodo en la piel del seductor irreductible, irresistible, complejo y complicado, un tipo compulsivo que rápidamente contrasta con la incomodidad que sus excesos generan a su alrededor, pero sobre todo en su mujer, quien termina por convertirse en una víctima de sus encantos.

El asunto aquí es que si el filme fuera uno en el que el problema se redujera a una cuestión de género, entonces la historia sería distinta. Pero la directora retrata una destructiva relación en la que su protagonista se convierte, sin quererlo, en una víctima y él en un encantador victimario. El histrionismo de la pareja relaciona la propuesta con una de tipo comedia que termina por ignorar la sutileza convirtiéndola en una frontal historia de exabruptos narrativos que buscan relacionarse a los excesivos vaivenes pasionales que, como todos sabemos, no pueden entrar en lógica alguna.

Eso sí, señor lector es importante que sepa usté que si bien ésta es una película que debe analizarse dentro de los lineamientos (inevitablemente) rígidos del cine de autor (estrenada en Cannes y bla, bla, bla…), también muestra otro lado, y es que los arquetipos presentes a través de los personajes y las realmente excelsas actuaciones de los protagonistas hacen de este filme uno que vale la pena analizar desde una perspectiva propia, más allá de la opinión de esta espectadora.

urrutiaximena@gmail.com