Viernes 14.08.2020 - 05:29

Ayer no jugo el antiMexico

Ayer no jugó el antiMéxico
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Es cursi, nada original, un lugar común hacer analogías entre el futbol y la política después de un partido importante.

Así y todo, no puedo evitar decir que la alegría que nos dieron ayer Giovanni, Torrado, Israel Castro, Sabah, Osorio, Juárez y compañía, nos lleva a la nada original conclusión de que sí es posible levantarse después de las caídas.

Javier Aguirre recibió un equipo quebrado anímica y futbolísticamente, casi eliminado de la Copa del Mundo, y le dio la vuelta a un destino que parecía escrito de antemano.

Confió en los jóvenes, cometió errores, no se arredró ante la adversidad y con carácter, inteligencia e imaginación, ha devuelto a los aficionados el gusto por el futbol y nos regresó al espíritu el pálpito de la victoria.

Cuando fue necesario hacer cambios, los hizo, y éstos le dieron resultado.

Era un albur meter a Sabah, que es un trabajador medio en el balompié nacional, y quitar a Guillermo Franco, un consagrado que ya lo había intentado todo y no podía.

Pero se atrevió a realizar el cambio, y Sabah hizo el gol del dos a uno.

Fue un acto de audacia no convocar a Pável Pardo y poner en su lugar a Israel Castro, autor del primer gol: una maravilla de gol.

Alineó desde el inicio a Cuauhtémoc Blanco, un veterano inteligente y avezado.

Había que tener valor para confiarle la lateral derecha a un muchacho, de apellido Juárez, desconocido para muchos, que hizo la gran jugada que le dio el gol del triunfo al equipo nacional.

Qué bonito es ver a jóvenes mexicanos hacer su trabajo con el pundonor con que lo hicieron los 14 que estuvieron en la cancha del Azteca.

Qué agradable es ver a un director técnico ponerle la cara a la adversidad, intentarlo todo, jugarse el prestigio y tirar hacia adelante con jóvenes honrados, con sentido de la vergüenza, y salir airosos del lance.

Eso es lo que se va a necesitar en la conducción del país. Se van a necesitar cabeza, corazón y algo más.

El Presidente, el gabinete y los legisladores tendrán que jugarse el prestigio y ponerle el rostro a la adversidad.

Y un último detalle de esta pedante analogía: los ciudadanos también juegan.

Los mexicanos que acudieron ayer al estadio Azteca no dejaron de apoyar a su equipo, corear los intentos de gol, echar gritos de aliento.

¿Qué hubiera pasado si desde el inicio el público abucheara a los verdes y protestara con escándalo los cambios que mandó el técnico?

Habría pasado lo que va a pasar si no actuamos con sentido de equipo ante la crisis, le intentamos poner zancadillas al Presidente y chiflamos cada decisión dura de los legisladores.

No se trata de dar apoyos acríticos.

Lo que se pide es que en esta crisis no juegue el antiMéxico.

phl@3.80.3.65

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