Balas pintadas para Brad Will

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El caso del asesinato de Brad Will está entrando en un litigio mediático interesante, aunque con consecuencias jurídicas más bien dudosas.

En la Comisión Nacional de los Derechos Humanos están convencidos que la presentación del informe canadiense tiene como propósito influir más en la opinión pública que en los jueces.

Es más, sospechan que las conclusiones de los policías canadienses no fueron incluidas en la averiguación previa ni mostrada al juez de la causa.

Acaso por ello están convencidos que la divulgación del informe tiene más el sesgo de una campaña contra las conclusiones de la CNDH que un verdadero esfuerzo por encontrar la verdad.

Quien ya también manifestó su extrañeza es la organización Physicians for Human Rigths que elaboró un informe pericial que concluye que Brad Will fue asesinado por dos disparos efectuados a una distancia de 35 metros.

Una de las claves de su estudio es que una de las balas extraídas del cuerpo del reportero estadounidense tenía fragmentos de pintura roja, lo que implicaría que tuvo un rebote antes de impactar en el pecho de Will.

La PGR ha insistido que el proyectil “fue pintado por alguien para señalarlo”.

Los PHR se quejan de que los peritos canadienses “rechazan la posibilidad del rebote únicamente con la reiteración del argumento de la procuraduría”.

Hay un dato inquietante, ya que las autoridades no han presentado a la persona que habría pintado el proyectil.

Estamos ante una guerra de peritos y los de PHR tienen una amplia experiencia. Robert Bux, un médico forense en el condado de El Paso, en Colorado, trabajó para el Tribunal Internacional Criminal para la antigua Yugoslavia y para la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Jeff Foggy, el experto en armas de fuego, señala, sin dudar, que “examiné cuidadosamente los proyectiles y no había evidencia de que alguien hubiera pintado encima de lo que parecía tejido biológico con rastros de hueso”.

Uno de los problemas más graves es que en México las evidencias o no se conservan o cuando se hace no siempre reciben un manejo adecuado, lo que abona, sin duda, en la falta de credibilidad de cualquier resultado pericial.

Decía Abraham Polo Uzcanga que en México se podía demostrar un suicidio de varios balazos, faltaba más.

Uno de los argumentos centrales de la CNDH en contra del informe de los policías canadienses es que no tienen conocimientos de ingeniería en sonido y pese a ello descalificaron el trabajo del ombudsman que estableció la distancia del tiro a partir de la velocidad del sonido.

Una verdadera guerra de peritos y un caso dramático de nuestra vida pública.

juljard@yahoo.com.mx

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