Caminos para el cambio

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Vale Villa

El mundo occidental ha cumplido más de 100 años utilizando la terapia como un camino para entender mejor la complejidad humana y para aminorar el sufrimiento de vivir. El autoconocimiento es el primer paso de una terapia productiva. Después de algunos meses, aparecen introspecciones significativas surgidas de la observación del mundo interior.

La reacción ante estos descubrimientos puede ser de sorpresa, tristeza, enojo, alivio, alegría e incluso horror. Entender y poder narrar la historia personal con mayor densidad es una herramienta para dejar de equivocarse una y otra vez en las mismas cosas y para encontrar un lugar más claro en el mapa de la propia vida.

No todos los pacientes vienen al consultorio a cambiar ni a ser mejores. Algunos solamente son contempladores de sus problemas; otros, son más reflexivos y necesitan profundizar en las explicaciones sobre sus emociones y conductas; otros más, están orientados a la acción y quieren comenzar a cambiar desde el primer día. Contemplación, pensamiento analítico y acción es una posible ruta para el proceso terapéutico. Los tiempos y las formas son variables.

Sócrates afirma que una vida sin reflexión no es digna de ser vivida. También Carl Sagan sostiene que “hacemos nuestro mundo significativo gracias a la valentía de nuestras preguntas y a la profundidad de nuestras respuestas”.

Sin embargo, muchos creen que es un error pensar sobre asuntos profundos y prefieren mantenerse en terrenos superficiales en los que suponen habrá menos dolor. Un ejemplo sobre vivir de forma superficial es el de una mujer que se casó sin saber porqué; tuvo hijos sin planearlo y dejó de hacer las cosas que le apasionaban sin siquiera darse cuenta.

Después de un proceso terapéutico, esta mujer entendió que se casó para huir de sus padres, que tuvo hijos para no estar sola y que abandonó sus pasiones cuando se volvió dependiente emocional de su pareja.

Quien vuelve consciente lo inconsciente puede convertirse en alguien que asume sus decisiones y las consecuencias de éstas con mayor claridad, congruencia y fortaleza. La terapia debe ser colaborativa y nunca autoritaria porque el único experto en si mismo, es el paciente.

La aspiración última de la terapia es promover el autocuidado. Si yo sé cuidarme, evito lo que me daña y me acerco a lo que me hace crecer. Si yo aprendo a cuidarme, aminoro mis tendencias autodestructivas y soy capaz de elegir mi bienestar; no entrego el destino de mi vida a otros que quizá son incapaces de cuidarme. Puedo vincularme afectivamente, pero no desde la dependencia ni desde el hambre de rescate.

*Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa desde hace 15 años. Este es un espacio para la reflexión de la vida emocional y sus desafíos.

valevillag@gmail.com

Twitter: @valevillag