Chilapa y la guerra de la heroina

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Por:

Julián Andrade

El aumento de la demanda de heroína en Estados Unidos está provocando estragos en Guerrero. De acuerdo a estimaciones de William Brownfield, subsecretario Antinarcóticos del Departamento de Justicia, el alza es de un 65 por ciento y los principales proveedores son cárteles mexicanos.

Esto es, el negocio va viento en popa y eso siempre es una mala noticia para nuestro país, porque hay mayores incentivos para traficar.

Como en una maldición, ello suele ligarse a conductas criminales de alto impacto y sobre todo la persistencia de la violencia.

Y a ello hay que sumar que esta oportunidad de mercado contamina todo y no a regiones específicas solamente.

De ahí que sean tan complicadas las tareas de seguridad en entidades como Guerrero, Michoacán y Jalisco, lo que se muestra con los elevados índices delictivos y con una persistencia que se ha prolongado en el tiempo.

Lo que ocurrió en Chilapa es un ejemplo de esta lógica macabra. Como se recordará, hace unas semanas, cientos de sujetos armados y embozados tomaron la cabecera municipal. Dijeron ser policías comunitarios que estaban hartos de las fechorías de los bandidos.

Luego de su marcha, 16 personas no aparecen. Se los llevaron. La Fiscalía mantiene como línea de investigación más sólida que fueron integrantes del crimen organizado los responsables de las desapariciones.

En Chilapa hay una fuerte disputa de grupos que alguna vez integraron el cártel de los hermanos Beltrán Leyva.

Hay dos hipótesis sobre lo ocurrido y ambas son igual de inquietantes. La primera señala que los secuestraron para que se integren en las filas de la delincuencia. La nueva leva del narcotráfico.

Éste es un fenómeno que va en aumento. Los cárteles están reclutando por la fuerza, con saldos tan dramáticos como el ocurrido haca casi una semana en Tanhuato, en Michoacán.

La otra hipótesis es que pueden estar muertos o en vías de ser asesinados por sus captores. Todo puede ser.

Los familiares, como es natural, están desesperados y culpan a las autoridades por lo que hacen y no hacen. Esta frustración es la que provoca que pidan la salida de la gendarmería, cuando es la única herramienta con que cuentan para hacer frente a la amenaza criminal.

Por lo pronto, todo está bajo sospecha, en tanto no se cuenten con resultados en las indagatorias y que de paso generen credibilidad en la ciudadanía.

Es un drama que, por desgracia, no tendrá final feliz y que abonará en la ruptura del tejido social.

julian.andrade@3.80.3.65

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