Colorín colorado, estas campañas han terminado

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Por:
  • Carlos Urdiales

Mañana comienza el simpático y supuesto periodo de reflexión ciudadana luego de semanas de campañas publicitarias que resumen los grandes asuntos de la agenda ciudadana y nacional a frases, a tonadas rítmicas que compiten por ganar todo en la recordación y muy poco en la razón.

La construcción de normas y leyes electorales encontró bueno y parecido hacer lo que ocurre en otras latitudes, tener unos días de abstinencia propagandística, abrir espacio para decidir algo que, una de dos, o se tiene claro desde antes de las campañas y el bombardeo mediático, o bien es un ejercicio científico y vertiginoso de-tin-marín-de-do-pingüé que se practica en la soledad de la mampara, crayón en mano, desconociendo cuanto hay detrás de fotografías y logotipos, se tacha, se reparte, se equilibra y san-se-acabó.

En las elecciones del próximo domingo la abstención o participación que ocurran serán resultado de una mecánica democrática poco lógica, producto de ir poniendo candados y parches normativos que siempre han buscado de origen hacer de la competencia por el voto algo justo, equitativo, transparente y, a veces, funcional, informativo y enriquecedor de la ciudadanía como ejercicio social de derechos y obligaciones.

En perspectiva, lo que tenemos hoy es una arquitectura institucional y legal ecléctica, sin mucho sentido de unidad. Para empezar un árbitro central que supervisa, no manda, pero sí puede despedir a los réferis locales, que se pelea con la instancia máxima, el Tribunal Electoral, con representantes de partidos que sabotean o de plano roban información fundamental como padrones y listados nominales de electores.

Las reglas para distribuir y no comprar tiempos en medios han abierto rendijas para hacer trampa frente a todos, sin que nadie parezca verlo, comentarios casuales, tuits coincidentes, insinuaciones sobre el color, apodo o grafismo de algún partido o candidato, un calzón de boxeador, una mantita colada en el estadio, contratos alternos por la venta de asesoría política, un inventario creativo y creciente sinfín de trampas para promover en lugares, tiempos y circunstancias prohibidas, a todos por igual, sin recato ni pudor.

Una mecánica de organización costosa, compleja, con credenciales con fotografía, con huella digital, con listas por casilla y distrito, con procesos de capacitación ciudadana, con presencia de representantes de partidos hasta donde la cobertura y la estructura de cada cual alcance, tinta endeble, urna única y transparente, PREP, conteo rápido, encuesta de salida, bloqueo de señales según huso horario, blindajes que se apilan ante nuestra desconfianza, que es, a todo esto, la más justificada del mundo.

Así avanzamos a una elección más, que decide mucho con muy poca conciencia social; las filias y fobias de los que sí votan están tan arraigadas como las de aquellos que al no ejercer el derecho creen que expresan algo, y que eso importara, les importara. Nueva aduana electoral, nueva lección.

urdiales@prodigy.net.mx

Twitter: @CarlosUrdiales