Viernes 10.07.2020 - 20:49

Despido por embarazo

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Por:

Mónica Garza

El día de ayer, el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (Copred) presentó un informe en el que llevaban meses trabajando: “Discriminación Laboral Hacia la Mujer en la Ciudad de México. Despido por Embarazo”.

Éste es un tema por demás sensible para un sector de la sociedad que los últimos años se ha visto altamente vulnerado por este tipo de discriminación, que suele quedar a la sombra por falta de denuncia o de firmeza al momento de hacerla.

De acuerdo con lo que me comentó la presidenta de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje del Distrito Federal, Darlene Rojas, del total de demandas interpuestas por mujeres que ha recibido este año la junta especial que atiende grupos vulnerables, 70 por ciento es por despido injustificado por embarazo.

Como realidad para las mujeres trabajadoras el dato resulta alarmante.

No es gratuito que exista en la mentalidad de muchas mujeres económicamente activas una suerte de condicionamiento psicológico y emocional frente al tema del embarazo.

Muchas enfrentan un dilema, entre alegrarse con la noticia que resulta del mayor milagro que nos puede regalar la naturaleza, o atemorizarse ante el hecho de tener que enfrentar a su empleador con la sorpresa de “estoy embarazada”, y afrontar la consecuencia.

El despido por embarazo es un acto de discriminación denigrante e inaceptable, en que es urgente vincular vigilancia, denuncia e información a la sociedad para crear una cultura del respeto a lo que dice la ley.

Donde se vea al embarazo como lo que es, una parte fundamental y generosa en la naturaleza de las mujeres, no una enfermedad discapacitante para un sector que en el ámbito laboral en México es altamente productivo.

Sólo en el Distrito Federal 31 por ciento de los hogares tiene como única fuente de ingreso el salario de una mujer.

Por eso es inadmisible que en la vida práctica la etapa de gestación se convierta en sinónimo de vulnerabilidad para muchas mujeres, quienes estarán irremediablemente destinadas al despido laboral.

Esto es grave porque en México las mujeres representamos una población activa de más de 19 millones, de las cuales 69 por ciento somos madres.

Por lo tanto, cada vez que un empleador despide a una mujer embarazada está destruyendo un sistema familiar que en gran medida depende de ella.

El informe que presentó el Copred sobre el despido por embarazo deja testimonio particularmente de mujeres desprotegidas económica y socialmente, que por ende son presa fácil de este tipo de discriminación.

Pero el hecho ocurre en todos los niveles, incluso en el más alto sector económico y cultural. Tal es el caso de Leticia, una profesionista especializada en mercadotecnia, que trabajaba para una empresa multinacional de la industria cosmética con una importante sede en México. Así me contó su historia:

“Yo llevaba trabajando en la empresa cuatro años. El primero como asistente de marketing, uno más me mandaron a París y a Río de Janeiro a entrenamiento para convertirme en Gerente de producto, lo que conseguí al tercer año.

”El paso siguiente era la zanahoria que todos perseguíamos y para la cual yo era la favorita, ser gerente de Marketing.

”Tenía cuatro meses de embarazo cuando me mandaron llamar de la dirección, y después de llenarme de halagos y felicitaciones, me dijeron que dentro de tres meses me darían el puesto.

”Yo estaba que reventaba de hormonas y con la alegría le dije al director: ‘¡¡qué maravilla, y justo ahora que iba a avisarte que estoy embarazada!!…’

¡¡Puf!!… se desinflaron los halagos, y las felicitaciones se convirtieron en palabras desmotivantes sobre lo difíciles que serían los retos de los próximos meses con un embarazo y luego un bebé recién nacido, y aún peor, ¡siendo mamá soltera!

Pasaron los tres meses y nombraron gerente de Marketing a mi compañero hombre. Yo me quedé vestida y alborotada y no me dijeron ni ‘disculpe usted por la confusión’, simplemente yo ya no era igual de valiosa para ellos”.

La historia de Leticia ocurrió hace 17 años, lo que indica que no sólo no hemos avanzado en el tema, sino que seguimos retrocediendo.

No es suficiente con endurecer la ley al respecto, es más importante generar un cambio de mentalidad, porque el problema es cultural y el enemigo a vencer es muy grande.

monica.garza@razon.mx

Twitter: @monicagarzag