El populismo enseña el cobre

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La falta de rigor para medir la pobreza, el endeudamiento para financiar demenciales programas sociales, un estatismo burocrático que ahuyentó la inversión, formidables pero falsos datos de bienestar difundidos por el Instituto de Geografía y Estadística…

Esos atributos del populismo de Lula, el gran santón de la izquierda latinoamericana, están saliendo a la superficie como las aguas fecales de la bahía donde se celebrarán las pruebas náuticas de los Juegos de Río, tan contaminada que el COI pidió a los atletas que traten de no mojarse.

Sin embargo, el espejismo populista de Lula engatusó al mundo, que le dio las sedes del Mundial y de los Olímpicos, obnubilado ante las estadísticas de los 49 millones de pobres que bajaron a sólo 16 millones y del aumento de la clase media de 66 millones a 113 millones.

Brasil empezó a desplazar a México en el ojo de los inversionistas interesados en América Latina… hasta el descubrimiento de que aquel Brasil era apenas una ilusión populista de Lula (2003-10), un gran fraude económico y social, que hoy es desmentido por una realidad durísima.

Por ejemplo, el año pasado, el PIB mexicano creció 2.13 por ciento y el de Brasil 0.15; el PIB per cápita mexicano es de 10 mil 715 dólares y el brasileño de 11 mil 604, la deuda externa de México representa el 17.7 por ciento del PIB y la de Brasil el 13.9 por ciento.

La calificación crediticia de Moody’s para México es de A3, y para Brasil de Baa2: dos escalones abajo, México exporta ya el doble en miles de millones de dólares (406.4 mil millones de dólares por 242.7 mil millones) y en el Índice de Desarrollo Humano, México ocupa el lugar 71 mundial y Brasil el 79.

Pero el gran despeje del espejismo que creó el Brasil de Lula se verá en los Olímpicos que arrancan el viernes, a los que los deportistas llegan atemorizados por el riesgo del zika, dormir en una villa olímpica con escasa agua corriente y todavía sin construir en su totalidad.

En siete años Brasil fue incapaz de preparar condiciones mínimas para realizar los Juegos y ha tenido que divulgar folletos de advertencia para que los atletas salgan siempre acompañados, sin joyas, con el dinero justo, no tomar taxis para evitar secuestros y no ofrecer resistencia si los atracan.

Porque el populismo brasileño sólo creó la fantasía de un incierto progreso (como crean todos los populismos) y aún hoy, ya declarado el desastre, sigue gastando casi la mitad del producto interno bruto en la burocracia estatal y multiplicando los impuestos.

En 13 años, el populismo labró la ruina de Brasil.

¿Cuántos necesitará en México?

En 2018 se sabrá si gana Morena.

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