El Síndrome del Impostor

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:
  • valeria_villa

"Al éxito y al fracaso, esos dos impostores, trátalos siempre con la misma indiferencia”

Rudyard Kipling

Hablando con amigos y pacientes he escuchado una confesión frecuente: la de sentirse impostores en lo que hacen. No importa cuánto éxito económico, grados académicos, libros escritos, años perfeccionando una actividad profesional: todos hablan sobre sentirse insuficientemente preparados, limitados en sus conocimientos; impostores que milagrosamente se han filtrado sin que nadie lo note, hasta llegar al lugar que hoy ocupan. Se llama Síndrome del Impostor.

Oliver Burkeman escribió sobre el tema, ilustrándolo con el testimonio de Maya Angelou: “He escrito 11 libros y cada vez que termino uno pienso: van a descubrirme, los he engañado a todos pero ahora sí me van a atrapar. Angelou estuvo nominada para el premio Pulitzer, ganó 5 Grammys por sus reflexiones grabadas más decenas de otros reconocimientos. La aclamación del público no aminoró su sensación de ser un fraude.

Las investigaciones revelan que las mujeres tienden con más intensidad a experimentar el Síndrome del Impostor, quizá debido a estereotipos sexistas que ponen en duda su competencia profesional. Suelen culparse de sus fracasos, mientras que los hombres culpan a factores externos.

No importa que haya evidencias abrumadoras de sus habilidades, los “impostores” las explican como producto de la suerte, de las circunstancias o de ayudas externas.

Sentirse un fraude afecta la forma de relacionarse con el mundo, los pensamientos negativos e hipercríticos influyen en la conducta.

¿Cómo dejar de sentirse un fraude?

1. No creerse todo lo que piensa. Si escucha en exceso a su crítico interno, difícilmente podrá hacer algo sin miedo a equivocarse o a decepcionar a los demás.

2. Escribir el proceso que lo ha llevado a donde está: todo lo que ha trabajado, las decisiones que ha hecho, los riesgo que corrió. Hay que apropiarse de los logros y saber que aunque quizá hubo un elemento de suerte o de ayuda externa, el esfuerzo lo hizo usted y nadie más.

3. No olvidar que los sentimientos son transitorios y cambian de intensidad dependiendo de muchos factores. Si tiende a sentir que es un impostor, quizá debería darle menos peso a éso que siente y piensa de usted mismo. Los pensamientos negativos no desaparecen por arte de magia, pero sí pueden verse con distancia y perspectiva.

Por último, habría que decir que es más preocupante alguien que nunca se ha sentido un fraude. Las personas demasiado seguras de sus capacidades quizá solo son incapaces de darse cuenta de su incompetencia.

Los verdaderamente incompetentes rara vez se preocupan de serlo. Mientras más inepta es una persona, más inteligente se cree.

Ser consciente y preocuparse a veces de ser un fraude, puede ser una prueba de que usted no lo es.

*Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa desde hace 15 años. Este es un espacio para la reflexión de la vida emocional y sus desafíos.

valevillag@gmail.com

Twitter: @valevillag