El valor de Bachelet

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Montserrat Salomón

Chile se ha gloriado de ser el país menos latinoamericano de Latinoamérica. Y esta aseveración muchas veces se ha ligado a la envidiable transición a la democracia —luego de una de las dictaduras más duras del continente—, su estabilidad política y económica, y la transparencia que existía en su gobierno.

Bajo esta buena fama gobernó durante los últimos años una de las presidentas con mayor credibilidad de la región: Michelle Bachelet. Sin embargo, hoy —tras el escándalo desatado por el presunto tráfico de influencias en el que están inmiscuidos su hijo y varios de sus colegas en el poder— la mandataria chilena afronta su hora más oscura.

Sin duda Chile ha sido un ejemplo para las otras economías latinoamericanas; con una inflación controlada y una buena inversión de sus recursos, los chilenos lograron sortear incluso las manifestaciones callejeras de los estudiantes, que hace unos años pedían mejorar la calidad de la educación pública.

Parecía, en ese momento, que Chile se uniría a la ola de inestabilidad que recorrió el mundo, pero los reclamos de los estudiantes estaban dirigidos a pedir más de lo que, de hecho, ya tenían. Chile sufría un mal que ya quisiéramos los mexicanos: estudiantes educados que se unían para exigir, desde la sociedad civil, mejoras en los servicios del Estado. Bachelet, con su fina capacidad de diálogo y concertación, sorteó aquel escollo y siguió adelante sin saber que su Waterloo la esperaba en casa para cenar.

Los seres humanos somos falibles y nos acostumbramos a lo bueno con rapidez. El gobierno que parecía exento de corrupción ahora es cuestionado y se empieza a buscar bajo la alfombra para ver si no hay por ahí más cosas que no deberían estar.

Michelle Bachelet, ante el escándalo, ha hecho algo inédito: le ha pedido su renuncia a todo su gabinete. A varios los reubicó —rompiendo alianzas de facto para impedir esas costumbres acomodadas que pueden llevar a la corrupción— y a algunos les dio definitivamente las gracias —ya veremos si a este señalamiento de facto le siguen juicios para fincar responsabilidades—. De esta forma la Presidenta toma el toro por los cuernos y desmantela la red que su propia familia habría presuntamente utilizado para beneficiarse.

El valor de esta acción va más allá de los juicios políticos que puedan hacerse, radica en el reconocimiento de que la sociedad merece una respuesta inmediata y tajante ante cualquier escándalo de esta índole. El valor está en reconocer que la sociedad es la que está al mando y que, cuando manifiesta desconfianza en sus empleados —los políticos— éstos deben irse sin más.

No sé en qué termine el escándolo en Chile, pero el mensaje dado es bueno y me encantaría verlo replicado en México. ¿A ti no?

msalomonf@gmail.com