Elogio de la cordura

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Por:
  • valeria_villa

En su Historia de la locura, Michel Foucault la describió como una “historia del silencio y del estigma de exclusión en la sociedad occidental”. Foucault cita a Dostoievski: “Sólo enfermando al vecino, es como uno se convence de su propia salud”. Pero, ¿cómo es que se construyen las etiquetas sobre qué es locura y qué la cordura? Según Foucault, como producto de la conformación cultural, histórica y social. Su trabajo ha servido para cuestionar el concepto de lo “normal”, que desde la perspectiva social, tiene que ver con conformarse, someterse y adaptarse a la cultura. Por contraste, ser un loco equivaldría a liberarse de las expectativas sociales y culturales para elegir una forma de ser auténtica.

Un contemporáneo de Foucault, Ronald D. Laing, psiquiatra inglés y fundador del movimiento antipsiquiátrico en los años sesenta, llevó el discurso sobre la locura unos pasos más lejos: Describió la cordura como aburrida y como producto del miedo a vivir. El hombre cuerdo no es más que aquel que ha sido forzado a no ser él mismo por la familia y la sociedad. Es así que Laing idealizó la locura, entendiéndola como un proceso de liberación y renovación. Los locos son los normales, afirmó Laing y sólo mediante la locura es posible recuperar la vitalidad, la fuerza y la razón para vivir.

Algunas décadas después, el psicoanalista inglés Adam Phillips, hace una crítica a estas ideas sobre la locura, ya que adoptarlas tuvo terribles consecuencias para muchas personas. El consumo indiscriminado de drogas de todo tipo que acompañó los movimientos de liberación de los años sesenta, derivó en psicosis y suicidio para muchos que perdieron la brújula, al entrar a la celebración de la locura como la única forma creativa de estar en el mundo.

Phillips está de acuerdo con Laing en que el capitalismo enferma cuando la única preocupación es gastar y cuando la única manifestación cultural valiosa es la que produce dinero. La cordura, continúa Phillips, es necesaria. Convertir a la locura y a la desesperación en algo glamoroso, ha sumido en la enfermedad y llevado a la muerte a muchos pensadores y artistas.

Phillips considera que la vida valiosa debe tener una cualidad artística:

indiferente a ganar, a seducir, a vender y al reconocimiento. La única liberación es renunciar al mercado y dejar de preocuparse sobre lo que la audiencia desea consumir. Idealizar la locura es idealizar el individualismo radical y las vidas miserables. La cordura une en lugar de separar enfatizando lo que tenemos en común: Nos enfermamos, tenemos hijos, envejecemos.

Phillips entiende que la vida cercana al arte es aquella que reconoce las realidades terribles y las complejidades de la existencia, aunque sean impopulares, pero que por más desesperanzadas que sean sus expresiones, siempre conserva la promesa de la vida.

*Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa desde hace 15 años. Este es un espacio para la reflexión de la vida emocional y sus desafíos.

valevillag@gmail.com

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