La cumbre en Cuba: hola y adios

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Por:

Pablo Hiriart

Los gritos a favor del Ché Guevara y el minuto de silencio a la memoria del “ejemplar” ex presidente venezolano Hugo Chávez en el inicio de la Cumbre de Estados Latinoamericanos y del Caribe nos muestran que hay gobernantes que no tienen remedio.

Países como Cuba y Venezuela son, a estas alturas, inviables.

Cuba vive de lo que recibe de Estados Unidos a través de los tres millones de cubanos que ahí radican (la tercera parte de la población de la isla), a pesar de que los hermanos Castro cada vez que toman un micrófono montan en cólera contra “el imperialismo yankee”.

Su enojo, sin embargo, es falaz. Todo se basa en que no pueden comerciar libremente con Estados Unidos (por el absurdo bloqueo), y protestan contra países que sí estrechan relaciones comerciales con Estados Unidos.

Cuba vive, también, de lo que le regala Venezuela. Y Venezuela es un país quebrado. Se les va a acabar pronto el subsidio venezolano.

Los dirigentes cubanos no tuvieron la capacidad para reinventarse, como lo han hecho otras naciones socialistas que abrieron sus fronteras al comercio y que han permitido que al interior de sus países la gente practique el libre mercado.

En ambas naciones se encarcela a los disidentes políticos, a los que piensan diferente, o se les acosa para hacerles la vida pesada y abandonen el país.

Un minuto de silencio y vivas al Ché Guevara fueron el sazón ideológico del arranque de la reunión de la Celac en La Habana.

Los presidentes pragmáticos, como el de Chile, México, Perú e incluso de Nicaragua, siguieron el ritual con respeto pero hacen exactamente lo contrario a lo que dejaron las enseñanzas de Chávez o de Guevara.

El problema está en tomárselos en serio. La deuda externa de Venezuela se cuadruplicó de 2005 a 2013, y el déficit fiscal es del 20 por ciento del PIB.

Su inflación es del 54 por ciento anual, derivado a que debió aumentar en 64 por ciento la impresión de billetes, pues en ese país se dejó de producir y no hay leche, ni carne, ni papel de baño, ni toallas sanitarias, harina, azúcar, arroz, aceite… y tienen que comprarlo en el exterior.

Todo lo tienen que importar, y 20 productos de primera necesidad —traídos del exterior, porque ahí no producen nada— están sujetos a tarjetas de racionamiento.

¿Por eso los vivas al Ché Guevara? ¿Por ser el inventor de las tarjetas de racionamiento?

¿Por eso el minuto de silencio en homenaje a Chávez?

¿Por llevar a su país a la ruina económica y a la represión política contra sus opositores y contra los medios de comunicación que no hacían eco de sus consignas?

Muy bien la reunión de la Celac, las fotos, las palmaditas en la espalda, las sonrisas y hasta luego. Vamos a llevar la fiesta en paz. Pero aquí tenemos otro camino, que no conocen en Cuba y que les han escamoteado a los venezolanos: el de la libertad.

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Twitter: @PabloHiriart