La demonización del automotor

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Por:
  • Obdulio-Avila

Hoy escribir en pro de un vehículo automotor privado, es políticamente incorrecto, como si el problema de la contaminación se abatiera sólo con su restricción.

Al principio de su historia el ser humano se movía bajo la sola fuerza de sus pies, después se asió de troncos, construyó balsas, y se desplazó a lomo de cuadrúpedos para desplazarse con mayor rapidez de un punto a otro. Hasta en andas era transportada una persona por otras.

Hasta que en el antiguo Egipto surgió la rueda, y según Herodoto se aplicó al transporte, para trasladar grandes bloques de piedra para sus épicas obras de ingeniería. Los hicsos aportaron los primeros carros con ruedas.

Durante siglos, la especie pensó y trabajó en mejorar los medios de transporte. Así llegó la máquina de vapor, y el descubrimiento de la energía eléctrica pronto dio pie a la invención del automóvil movido por pilas, antes hubo vapor y ahora movido por medio de gasolina.

El ser humano conquistó mares, aires, tierra y mejoró cada vez más al trasporte de mercancías y personas. Constantemente se investiga cómo vencer las distancias, abaratar costos, reducir tiempos y que la máquina inventada o mejorada sea compatible con el cuidado del medio ambiente.

Una de esas grandes invenciones humanas es el automóvil, cuyos orígenes datan del siglo XVIII y alcanzan su cima en el XX. Etapa tras etapa, se perfecciona su seguridad, eficiencia, comodidad, ampliación de oferta de modelos y precios y se trabaja en que sean menos contaminantes.

La multiplicación de los vehículos automotores en nuestras ciudades curiosamente ha provocado la disminución de la velocidad. La distancia permanece, pero el tiempo se amplía para trasladarnos de un punto a otro.

Además, la contaminación ambiental lo acusa como una de sus causas.

Así surge en 1989 el programa Hoy No Circula, que es un plan de restricción vehicular, pero a casi 30 años de instaurado, se recrudece con el Doble Hoy No Circula. El programa se agudizó, no se aligeró. Algo salió mal. El foco se colocó sobre el automóvil particular y no se puso tilde al transporte público.

Las restricciones vehiculares de las últimas semanas lastiman la calidad de vida de los que menos tienen, porque saturan al lento, ineficiente e inseguro transporte público. Al haber mayor demanda del mismo provoca mayores costos en tiempo y genera mayor estrés para los capitalinos.

Cuando se declara Doble Hoy No Circula, en los hechos las calles y autopistas urbanas se privatizan para que automóviles privados la circulen con menos usuarios, distancias que usualmente se recorren en hora y media o una hora se reducen a la mitad o tercera parte del tiempo. Vialidades despejadas para los que más tienen.

Es patente que sólo demonizar al automóvil no resuelve ni contaminación ni al pesado tránsito vehicular. Urgen mejores instituciones, transporte público y una visión más amplia para encarar el reto.

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