La prevencion que funciona

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Por:

Julián Andrade

Los momentos difíciles, y hasta escabrosos, que se viven en materia de seguridad no deben hacernos perder de vista lo que está funcionando.

Pareciera anticlimático, pero conviene no perder el rumbo ni la perspectiva.

Es el caso del Programa Nacional de Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia, de la Secretaría de Gobernación.

Desde que inició el gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto se determinó complementar la estrategia de control y contención con una política que pusiera el ojo en los factores de riesgo que se asocian con la violencia: desigualdad y falta de oportunidades; deserción y bajos niveles de escolaridad; falta de atención y supervisión de las niñas y los niños por parte de sus padres; ausencia de pertenencia y exclusión.

Partiendo de estos ejes es que se empezó a realizar una labor focalizada en 102 municipios y cinco delegaciones de la capital del país.

Es un esfuerzo de tiempos largos, por todo lo que implica, pero ya hay resultados.

Uno de los indicadores más importantes es que se redujo la tasa de homicidios dolosos en un 36% en los municipios de más de 100 mil habitantes atendidos por el programa.

El contraste ayuda a dimensionar las cosas, ya que en los lugares en los que no se está implementando este proyecto la baja fue de 9 %.

En 2012 los homicidios dolosos fueron, en todo el país, 21 mil 736 y el corte de 2014 registró 15 mil 653 casos, lo que representa una baja de 27.9%.

La clave de estos éxitos que, insisto, deben mantenerse en el largo plazo, es que se optó por criterios técnicos y profesionales para decidir las acciones a nivel municipal, donde inclusive se cuenta con diagnósticos sobre los factores de riesgo que se tienen que implementar en cada lugar.

El programa, además, funciona con criterios transparentes y toda la información sobre los recursos invertidos puede ser consultada.

Esto permite, de paso, la inclusión de la sociedad y su corresponsabilidad en cada una de las tareas que tienen el objetivo de recuperar la tranquilidad, pero estableciendo condiciones para que ello sea estructural.

Por supuesto que este esfuerzo va de la mano de las operaciones de las fuerzas federales, ya que los grupos criminales también tienen que ser enfrentados en el terreno.

El control y la contención no están reñidos con políticas que tengan un horizonte de más largo plazo y que mejoren las condiciones de vida, dando oportunidades y sacando a los jóvenes de las garras de los bandidos.

julian.andrade@3.80.3.65

Twitter: @jandradej