Las redes de “el más loco”

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Por:
  • larazon

Pablo Hiriart

Algo tenía Nazario Moreno para que, siendo un loco, pudiera acumular el poder que llegó a tener. Puso en jaque a Michoacán y dejó mal parado al gobierno federal que lo había dado por muerto. Y ese algo era una red de contactos bien aceitada.

De que estaba loco, no hay duda. Juzgue usted lo que dice en su libro titulado, precisamente, Me dicen: “el más Loco”:

“Eran famosas las palabras de Kalimán de que lo más poderoso era la paciencia y la mente humana, y para tal efecto yo practicaba con los animales…

“Lo que sí pude comprobar, en repetidas ocasiones, es que por más poderosa que sea la mente, los puercos son los más rebeldes y desobedientes, al grado que llegué a convencerme que ni al mismísimo Kalimán en persona le harían caso. Esa fue la razón de que en lugar de ordenarles algo con la mente, los hacía obedecer a mentadas de madre y a varazos. Según mis experimentos, saqué por conclusión que los que más se sugestionaban con mi mente eran los perros, las vacas, los caballo y algo, muy poquito, los chivos” (pág. 18).

Después vino la persecución durante el gobierno de Felipe Calderón, y lo que Nazario llama “una campaña de desprestigio en mi contra”. Apunta que “decidí ponerme en contacto, por canales secretos o muy discretos, con amistades que había cultivado a lo largo de la vida, a los que convoqué para explicarles lo que estaban haciendo contra mí…

“Entre estas personas lo mismo había políticos de importancia, empresarios, productores agrícolas y ganaderos, dirigentes de organizaciones de derechos civiles, sindicalistas, religiosos, profesionistas, hoteleros, restauranteros e incluso funcionarios del mismo gobierno y hasta algunos jefes policiacos con quienes había hecho amistad o se daban cuenta de la campaña sucia, tenaz y ruin de que estaba siendo objeto…

“Lo único que me pidieron, condicionando su ayuda, fue que mantuviera sus nombres y organizaciones en absoluto secreto, pues solamente así su labor sería exitosa, y evitarían al mismo tiempo las represalias que el gobierno podía realizar en su contra.

“Recuerdo que uno de ellos, político muy importante, dijo que nada era casualidad, sino causalidad, y me refrendó su apoyo y confianza cuando dijo que al parecer era yo el encargado de encabezar una lucha para llevar a cabo un cambio profundo en México” (págs. 67-68).

La forma que permitió a Nazario Moreno, El Chayo, evadir a las procuradurías, eran sus contactos y las redes de protección de organizaciones civiles, funcionarios del gobierno, jefes policiacos, grupos de productores agrícolas y hasta representantes eclesiásticos.

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Twitter: @PabloHiriart