Jueves 1.10.2020 - 02:33

Reforma eclesiástica y abuso de menores. Otra vuelta a la tuerca

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Jorge E. Traslosheros

Benedicto XVI sigue adelante con la reforma disciplinaria de la Iglesia para combatir y prevenir el abuso contra menores. Una vez más, en el centro de sus esfuerzos están las víctimas, por la justicia que se les debe, por la prevención de nuevos casos.

La reforma sigue adelante sin importar que los abusos hayan sido menores a lo estimado, ni que la mayoría se hayan cometido en los años sesenta y setenta del siglo pasado, disminuyendo fuertemente su incidencia a partir del pontificado de Juan Pablo II y la gestión de Ratzinger al frente de la CDF, según han revelado estudios independientes como los del John Jay College or Criminal Justice (2004 y 2011). Lo único cierto es que las víctimas no pueden ser vistas con el filtro de la estadística. Se trata de mirarlas a los ojos para reconocer su dolor, que es justo lo que ha hecho el Papa en cada uno de sus viajes.

En días pasados el cardenal William Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), dio a conocer una Carta Circular. Se trata de un conjunto de orientaciones vinculatorias para que las conferencias episcopales del mundo elaboren unas “líneas guía”, con el fin de combatir con eficacia el abuso de menores con procedimientos claros y bien coordinados. Tendrán que ser entregadas a la CDF en un plazo no mayor de un año.

La Carta Circular, entre otras cosas,

cierra un primer ciclo de reformas al Derecho Canónico pertinentes a la materia, abierto en 2001 con el Motu Proprio de Juan Pablo II “Sacramentorum Sanctitatis Tutela”. Entonces, se añadió este delito al elenco de “delicta graviora”, al tiempo de permitir a la CDF actuar con libertad sin tener que esperar a que los obispos o los superiores mayores de las congregaciones religiosas hicieran su trabajo. En 2003 la libertad de acción de la CDF fue reforzada. El Motu Proprio dotó de instrumentos necesarios a Ratzinger para tomar acciones ante las distintas crisis que se presentaron, empezando por la de Estados Unidos en 2002. Gracias a la firma de Juan Pablo II también se pudo procesar y finalmente condenar a Maciel, entre otros casos.

La Carta está dividida en tres grandes secciones. En la primera, se realizan una serie de consideraciones generales centradas en la atención a las víctimas, la prevención del delito, la formación y acompañamiento de sacerdotes y religiosos, así como la necesaria cooperación con la autoridad civil. En la segunda, se hace una breve exposición del Derecho Canónico vigente en la materia, los procedimientos judiciales, las facultades de los obispos y de la CDF, las penas que se deben imponer, así como los derechos de las víctimas. Por último, se presentan una serie de orientaciones a los obispos y superiores mayores de las congregaciones religiosas, que deberán ser atendidas en los documentos elaborados en cada conferencia episcopal.

Para darnos una idea más clara de la profundidad del proceso reformador encabezado por Benedicto XVI, es muy recomendable visitar la página del Vaticano donde se encuentra un sitio con el título: “Abuso de menores. La respuesta de la Iglesia”. No tiene desperdicio.

jtraslos@hotmail.com