Se vende crucero barato

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:
  • larazon

Según le informan a Gamés, el último lector cruzó la caseta de Cuernavaca hace diez minutos. Si queda algún lector en la ciudad estará tomando sol en las playas de Ebrard y dándose un chapuzón en alguna de las nueve albercas que ha instalado el gobierno del Distrito Federal. Cuando Gilga ve el color del agua en la que nadan estos niños, se convence de que los mexicanos somos inmunes a muchas enfermedades que han diezmado a otras poblaciones.

Si se hiciera un examen del agua de estas piscinas, el resultado le sería útil a la NASA para comparar las sustancias biogenésicas de Marte con las del balneario Parque Recreativo Alameda Oriente, allá por el Bordo de Xochiaca. Si los habitantes de la Ciudad de México no fuéramos mutantes, al salir de esas albercas sobrevendría la ceguera, el eczema, la sordera, el dolor en el vientre, la parálisis, el vómito negro y la locura. A los que se sumerjan en esa agua, Gil les desea suerte.

Por cierto, Gamés está vendiendo (ah, el bendito gerundio) muy barato un crucero. Sí, un buque recreativo. Desde luego incluye piscinas, casino, gimnasio, salones de juego, sauna y vapor, boutiques y todo lo que viene siendo el buque en sí. Una ganga. Gilga ignoraba que estos armatostes flotaran. Gil no va a engañar a nadie, este crucero tuvo una pequeña avería y quedó varado veinte horas frente a las costas de Huatulco, pero ya fue reparado (ah, la voz pasiva). Un problemita en un generador, unas llamitas en el cuarto de máquinas que dejaron a los más de 500 pasajeros a oscuras. Sin luz, cierto, pero para eso está la espaciosa cubierta y el sol impresionante del Pacífico. Además, el Presidente Calderón inauguró el Ocean Star Cruises con optimismo y esperanza, que no siempre son la misma cosa, como si fuera el Titanic y anunciara un futuro de progreso. Interesados, favor de enviar solicitudes a la dirección electrónica impresa en la parte alta y derecha de esta página.

Gil se decidió a vender el crucero cuando supo que se trataba de una embarcación con cuarenta años de vida. Según dicen los que saben, a los veinticinco estos barcos han alcanzado la madurez. Mejor deshacerse de él a la brevedad. Si esto es cierto, el crucero que inauguró el Presidente zarpó por vez primera en el año de 1951. La de cosas que habrán pasado por el cascote del buque. Quizá alguna vez estuvieron en cubierta los barbudos de Fidel, o espías de la CIA encubiertos durante la crisis de los misiles. Tal vez Jackie Kennedy besó a Onassis en el camarote presidencial y, nunca se sabe, acaso López Mateos agasajó a una de sus amigas en el casino. Puestas así las cosas conviene preguntarse: ¿por qué comprar un crucero viejo y herrumbroso que se descompone a la primera navegación? Si las autoridades marítimas no lo saben, mucho menos Gilga, aun cuando hablamos de un hombre de mar. En el discurso de inauguración, el Presidente dijo que se gastaron más de 80 millones y que derivó en 700 empleos directos y tres mil indirectos. Correcto: a esos empleos hay que añadir los que generó este noble casco en las personas que rescataron de altamar el Ocean Star Cruises el sábado por la mañana.

Ni hablar, mala tarde.

Consciente de que atravesamos la Semana Mayor, la frase de San Pablo le espetó a Gamés estas palabras: “Veo los peligros de la vida presente; peligro en el mar, peligro en la tierra y peligro en los falsos hermanos”. Ay, ojón.

Gil s’en va

gil.games@3.80.3.65