Y aun nos falta lo peor

Y aún nos falta lo peor
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Sin crecimiento y estabilidad, los programas dirigidos a combatir la pobreza están prácticamente destinados al fracaso. Apenas con el primer coletazo de la crisis global se revirtió durante al año pasado la reducción que desde el 2000 gradualmente se había venido registrado en el número de mexicanos a quienes no les alcanza su ingreso ni para comer.

El jueves le informábamos en esta sección sobre la mayor desigualdad en la distribución del ingreso, que sufrimos los mexicanos en los dos primeros años de la administración de Felipe Calderón.

De acuerdo con el hoy autónomo Instituto Nacional de Estadística y Geografía, a cargo de Eduardo Sojo, entre el 2006 y el 2008 el ingreso corriente promedio de los hogares cayó 1.6% en términos reales; sin embargo, el impacto fue diferenciado por estrato social: en las familias más pobres los ingresos se redujeron 8.0% mientras en los hogares más ricos prácticamente se mantuvieron iguales.

De esta manera, se concentró aún más la repartición del pastel, ya de por sí ancestralmente desigual: el 60% de las familias con menores ingresos les tocó el 26.7% del total contra 27.6% en el 2006; mientras que el 10% con mayores recursos concentraron 36.3%, cuando dos años antes tenían 35.7 por ciento. Esto significa que los pobres fueron aún más pobres y los ricos se mantuvieron ricos.

La caída en el ingreso promedio en las familias obligó a una reestructuración del gasto, dando preferencia a la adquisición de bienes y servicios indispensables, como la alimentación, dejando de lado rubros como la salud (que registró una caída de -33.3%), la educación y el esparcimiento (-23.9%) o el vestido y calzado (-22.0%).

Es así que, por primera vez desde que se superó la crisis posterior al “error de diciembre” en el gobierno de Ernesto Zedillo, aumentó el número de mexicanos en pobreza.

El Consejo nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), que tiene como secretario ejecutivo a Gonzalo Hernández Licona, publicó sus estimaciones al respecto:

1. El número de mexicanos cuyo ingreso no alcanzó en el 2008 a para cubrir sus necesidades de alimentación, salud, vestido, vivienda, transporte y educación, alcanzó 50 millones 550 mil; casi 6 millones más que en 2006.

2. Los que no pueden cubrir sus necesidades de alimentación, salud y educación, sumó 26 millones, 765 mil personas; 5 millones adicionales.

3. Los que ni siquiera pueden pagar una canasta básica alimentaria fueron 19 millones 459 mil mexicanos; también 5 millones más.

Pensándolo bien, este retroceso será aún mayor, cuando se contabilicen los impactos de la recesión, la más profunda y prolongada en muchas décadas.

manuel.herrera@3.80.3.65

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