Lunes 28.09.2020 - 14:10

Y los otros panistas

¿Y los otros panistas?
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Decía Fernando Escalante hace unos días, en La Razón, que no cabe llamarse a sorpresa por las furibundas reacciones contra la reforma que aprobó la Asamblea Legislativa del Distrito Federal para reconocer el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo: la jerarquía eclesiástica, Mariana Gómez del Campo, El Colegio de Abogados Católicos, Esteban Arce y demás inquilinos de la caverna homofóbica, “cada uno está en lo suyo y todos haciendo su chamba”… excepto el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, que tiene bajo su responsabilidad hacer valer el artículo 130 de la Constitución, ese que prohíbe expresamente a los ministros de cualquier culto intervenir en política, hacer proselitismo, oponerse a las leyes o a las instituciones civiles.

El lunes pasado, en Reforma, Jesús Silva-Herzog Márquez insistió en el asunto. Repasando los argumentos esgrimidos por el PAN para oponerse a la susodicha reforma, mostró que en ellos no hay más lógica que la del dogma: “nunca como ahora se ha expuesto la relación de Acción Nacional con la ortodoxia, su disposición a convertirse en escudero de lo sagrado […] no ha podido más que defender las ofuscaciones clericales y exigir la sumisión de la política frente a la fe”.

Frente a éstas y otras críticas que coinciden en la necesidad de secularizar la discusión, ¿qué tienen que decir quienes, desde la simple simpatía o la franca militancia, han querido reivindicar una veta liberal en la doctrina panista?

Pienso, concretamente, en el actual secretario de Educación, Alonso Lujambio: en sus interpretaciones sobre la historia del panismo; en sus escritos dedicados a Manuel Gómez Morín, a Adolfo Christlieb Ibarrola, incluso a Carlos Castillo Peraza; en cómo sus estudios sobre el Congreso, el federalismo y las elecciones han sabido enfatizar la aportación del PAN a la democracia mexicana. La de Lujambio ha sido, en ese sentido, de esas escasas obras que logran una combinación afortunada entre el rigor académico y la afinidad política. Una obra seria, de la que se desprende una visión compleja del PAN, pero claramente comprometida con la corriente interna que el propio Lujambio identifica como liberal, una corriente que desde sus orígenes fue antagónica a la de aquellos que querían hacer de la lucha política un medio para procurar la salvación de las almas (Christlieb Ibarrola los llamaba “piadosos meadores de agua bendita”).

Busco en la prensa, en el debate sobre la universalización del derecho al matrimonio, y no encuentro en ninguna parte la voz de esos panistas liberales –ni de Lujambio ni de sus pares ni de sus antecesores ni de sus discípulos ni de nadie dentro o al menos cerca del PAN–. ¿Dónde están? ¿Existen?

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fdm