Adiós al editor legendario de Fuentes y Vargas Llosa

Adiós al editor legendario de Fuentes y Vargas Llosa
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Ramón Córdoba, legendario editor de escritores, falleció la noche de este miércoles, apenas tres días después de cumplir 61 años, informó Penguin Random House, la mañana de ayer.

“Ramón era un editor excepcional que dominaba todos los aspectos de su oficio con una pasión y vocación únicas. Leía intensamente manuscritos y trabajaba codo a codo con los autores de Alfaguara para lograr que cada libro alcanzara su mayor potencial, sin olvidar nunca que su trabajo era de catalizador y auxilio del trabajo creativo de los escritores”, versa el comunicado.

Forjó una carrera de más de 40 años; era respetado por dos generaciones de narradores mexicanos, entre ellos, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Alberto Ruy Sánchez; fue docente, conferencista y también escritor de Cada perro tiene su día y Amores que matan de ganas.

Personalidades del mundo literario lamentaron, a través de Twitter, el sorpresivo suceso: Xavier Velasco afirmó haber perdido a “un gran amigo, estupendo editor, escritor colmilludo, excelente persona. Te vamos a extrañar horrores, Ramón Córdoba”; Jordi Soler recordó que un día antes, Córdoba le había enviado “una foto de uno de mis libros que acaba de salir de la imprenta. Buen viaje, entrañable veterano de las Guerras Psíquicas”.

"En nuestros años de madurez, al conversar con un amigo brillan en el horizonte tanto las lecciones aprendidas como las luces de la juventud y es posible migrarlas con gratitud y sin nostalgia”

Ramón Córdoba

Editor

Ana Clavel lo perdonó por irse sin despedirse, “muchas gracias por todo: la amistad, los libros, las palabras”; Alejandro Páez Varela rememoró que fueron cuatro novelas las que Córdoba le editó, “rasposo como papel de libro viejo, suave como barniz del cuché”; y Maruan Soto Antaki aseguró que “la pinche tristeza de perder anoche al amigo, al cómplice, al lector, el editor, al capitán”.

Héctor Aguilar Camín se declaró en luto: “fue un privilegio siempre trabajar con él; su profesionalismo y ojo de editor alcanzaba por momentos la calidad de coautoría”; Rosa Beltrán perdió a un maestro, “cuidó todos mis libros en Random y tuvimos las conversaciones más entreañables sobre autores y libros”.

Gabriel Bauducco resaltó que sin los ojos de Ramón Córdoba, “no se puede entender buena parte de la literatura mexicana contemporánea. Era divertido y talentoso”; Jaime Mesa abundó en su generosidad y cariño, “era una epidemia de buena onda; Nos queda el mundo que creó y al que nos invitó; y el cariño que sus amigos y familia le reiteramos ahora. Adiós, contramaesto”.

El Dato: La UNAM lo destacó como uno de los pilares de la industria editorial mexicana contemporánea, con un trabajo realizado en más de mil obras

“Minucioso y agudo editor, y cálido cómplice y amigo”, externó Jorg Volpi; y Alberto Lati reiteró que las letras mexicanas habían pedido a un genio: “ editor con el que tuve la oportunidad de trabajar, aprender y convivir. Quedan tatuados en mi mente su sonrisa, su generosidad y pasíón por los libros”.

Entre los premios que su trabajo de editor le ganaron se encuentran el Arnaldo Orfila a la Edición Universitaria, y tres veces el CANIEM al arte editorial. “Su meta en la vida era su trabajo en Alfaguara, al que acudía cada día con una sonrisa de pícaro en la cara. Amante de los libros y convencido de ejercer el mejor oficio del mundo; deja un hueco difícil de llenar en esta casa editorial”, concluye el texto de Pengüin Random House.

Ramón Córdoba

Editor y escritor

Nacimiento: 16 de junio de 1958, en la Ciudad de México

Educación: Licenciado en Literatura Hispánica por la UAM

Galardones: Arnaldo Orfila a la Edición Universitaria y CANIEM al Arte Editorial

Fue el pastor de miles de palabras ajenas

Por Carlos Olivares Baró

Ramón Córdoba era el editor de Carlos Fuentes, Augusto Monterroso, Alberto Ruy Sánchez, David Toscana, Xavier Velasco, Beatriz Rivas, Ana Clavel, Carmen Boullosa, Elena Poniatowska  y Eliseo Alberto, entre muchos más. Establecía un contacto espiritual con los escritores. Riguroso y querido, seducía  con sus gestos y pasiones desde el silencio: nunca se vanagloriaba de los millares de páginas corregidas.  “Editar libros es muchas veces como lo que hace un zapatero remendón: recibe un material que todavía se calza, pero hay que coserlo por aquí y clavetearlo por allá”, decía con esa voz  serena que proyectaba sobre los folios manuscritos que le llegaban. “Depende del escritor. Yo le he hecho recomendaciones a Carlos Fuentes que él ha tomado en cuenta con total naturalidad y, sin embargo, otros se han enojado conmigo”, revelaba. Cuidadoso de los detalles, era un artesano que dedicó más de 30 años de su vida a una faena venerable.  Lo vi trabajando con Eliseo Alberto en la intimidad cómplice: “Lichi, mejor quitamos esto”: “Claro que había que quitarlo; Ramón sabe lo que hace. Tengo absoluta confianza, él conoce las volteretas del verbo aguafiestas y las travesuras de los adjetivos imprecisos”, comentaba el narrador cubano. Carlos Fuentes lo señalaba orgulloso como “el editor de mis novelas”; y Alberto Ruy Sánchez lo alababa en público: “la belleza de los interiores se debe al esmero de mi editor, Ramón Córdoba”. Era un soldado que no permitía una errata: esas “travesuras del demonio, que pueden malograr un buen texto”. Seguirá entre nosotros como ‘el editor de los mil libros’. Era consecuente con el adagio de Alí Chumacero: “soy un pastor de palabras ajenas”.