Lunes 6.07.2020 - 15:09

AMALIEL

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Foto: Ilustración

No existe un procedimiento previo, ni una petición, ni una asignación, simplemente sentimos que algo nos llama y nos desconcentra de la contemplación de la luz, hasta ese momento no hay felicidad más grande que ser uno con el Padre y estar en su infinita sabiduría y gloria, quizá por eso nos resulta tan estremecedor el sentirnos atraídos por algo más.

Cuando me sucedió no sentí temor pues nadie siente temor en la luz, pero sí me sentí un poco culpable aunque no supiera lo que era la culpa en ese momento, que algo nos atrajera más que el rostro de nuestro creador era abrumador por llamarlo de alguna forma y el tomar consciencia de nuestro ser individual y no en Él, era todavía más extraño.

Rogué y oré y sólo sentí una sonrisa de aceptación sobre mí que me llenó de paz y certeza absoluta. Lo que sucediera era porque así lo quería y yo sólo sería instrumento a su disposición.

Me deje ir, caí, y me encontré lleno de emociones que nunca había sentido, que no sabía como procesarlas, como entenderlas y mientras lloraba y reía, sufría y me angustiaba, sentí el alma que me acogía, que me daba la bienvenida, lo vi, lo amé y el amor sí lo entendía así que me aferré a el. Ya más calmado vi a otro ser luminoso a mi lado, mi hermano que me puso una mano en el hombro y me dio la bienvenida a este mundo lleno de sabores y sinsabores, de temores y angustias, de búsquedas y encuentros. Él amaba a la madre, yo amaba infinitamente al hijo y por unos meses, ambos estaríamos unidos por el milagro de nuestro creador.

Ahora entendía el maravilloso regalo que me había dado, conocí al fin, el amor irrestricto a un ser humano y supe que Él quería que entendiéramos el porque de su amor y su perdón infinito a la mejor de sus creaciones y porque les había entregado a ellos el libre albedrío por encima de nosotros que somos más cercanos a la luz.

Vi como mi hermano cobijaba a la madre y se tensaba mientras le susurraba en un oído que no oía, que todo estaría bien, que la vida es una dicha y no una carga, que la vida que llevaba dentro era de Dios y suya en ese orden, que no perdería su futuro y por el contrario, su futuro estaba en su vientre.

Lo vi tensarse y sentí el temor de la madre transmitiéndose al hijo y cómo éste amaba sin comprender que su existencia estaba en riesgo. Creía que estar lejos de mi señor era lo peor que me pasaría pero sentir al enemigo rondando sobre nosotros y llenando de pensamientos egoístas a la madre al punto de que ella quisiera abortar, fue más de lo que pude soportar. Sin saber bien lo que hacía puse mi mano sobre su rostro y le dejé sentir el amor de su hijo y entonces, sintió cómo su hijo se movía y sonrió mientras las lágrimas mojaban sus mejillas, por ahora el peligro había pasado, por ahora, seguiría en gracia. Mi hermano me miró con tristeza y preocupación en los ojos y sin cruzar palabra, sentí su gratitud pues si no hubiéramos ganado en esta ocasión y la hubieran convencido de abortar, ella hubiera perdido su alma y junto con ella, él, su razón de ser.

Entendí que deseaban de mí, entendí que me habían mandado a la primera línea de la batalla donde la luz y la oscuridad entablan liza eterna.

Soy Amaliel, el buscador, soy Amaliel ángel guardián de un niño perfecto en su creación que aún no ve la luz del sol pero siente la luz de Dios, soy Amaliel quien sabe que su existencia está ligada a esta alma sin mácula aún y en la que me sentirán sin verme y me ignorarán y olvidarán en ocasiones, en las que pensarán que no estoy, que no soy pero que seré, estaré y sufriré por el amor irrestricto a un ser pues sabemos que amarlos es dejarlos ser y cuidarlos aunque su camino esté errado y quizá, si todo nos sale bien ganemos la batalla en un alma y ganar un alma, es ganar la guerra completa.

Soy Amaliel, invisible para unos ojos no acostumbrados a la luz, silencio para unos oídos no acostumbrados a nuestra canción, sólo brisa en lugar de caricia. Soy Amaliel, el que ama infinito a un niño y que amará por igual al hombre que será y si logro cuidarlo para que elija bien, me verá, me escuchará, me sentirá y entonces nuestra charla será el más grande... acto de amor.