Anne Carson y la libertad de decir cosas distintas

El poeta y ensayista Margarito Cuéllar, cuyos libros más recientes son el poemario Ensayo sobre la belleza y el desorden de las cosas (Los Ojos de Eva / UANL, 2025) y la novela Diario púrpura, El enano y yo (Clu Editores, Bogotá, 2026), dedica este ensayo a la obra de Anne Carson intentando responder a la pregunta que él mismo se hace: “¿Cuáles son los entramados temáticos y formales de su literatura y de qué manera las voces jóvenes se sienten atraídas por la hibridez que destilan sus textos?”

La obra de Carson ha sido reconocida con galardones como el Premio T. S. Eliot y el Premio Princesa de Asturias de las Letras Foto: Especial

¿Qué es lo que atrae de la obra de Anne Carson (Toronto, Canadá, 1950) en un mundo en que la lectura, el libro y más aún la poesía, parecen destinados a la invisibilidad ante la niebla indistinta que llamamos cultura digital e inteligencia artificial? ¿Y por qué la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2026, al abrevar en las profundidades de la antigüedad griega encuentra hilos que conducen a la actualidad? ¿Cuáles son los entramados temáticos y formales de su literatura y de qué manera las voces jóvenes se sienten atraídas por la hibridez que destilan sus textos?

Diría que una palabra clave en todo esto se llama libertad. Esa manera tan suya de unir la memoria a lo contemporáneo y crear así nuevas formas de abordar lectura, escritura y pensamiento. Quizá porque para Anne Carson “libertad quiere decir cosas distintas para personas distintas;” esto, desde la perspectiva temática, ya que sus formas aterrizan en una rara mezcla de poesía, ensayo y libro-objeto e imagen visual, de cuyo ejercicio se desprenden dos claves más: la Transgresión y una dosis persistente de hibridez que llega para quedarse y parece decir adiós a las fronteras literarias y geográficas. Dirán que me estoy yendo muy lejos, pero es justamente a la aventura de esas lejanías a la que nos convoca el grueso de la obra de Carson. Trataré en estas notas de dimensionar sus libros.

MARGARITO CUÉLLAR ı Foto: Especial

Cada uno suele dar más de lo que a simple vista sugiere una portada o un título. Sus libros, como una caja china, suelen convertirse en recipientes cuyos contenidos no dejan de sorprender por su lucidez y alcance.

LA COSECHA

Eros el dulce-amargo (Eros the Bittersweet, 1986) o los rostros del deseo. Del claustro de la academia al reto lingüístico de asumir el amor romántico como un reto dual y una poética un tanto inusual.

Charlas breves (Short Talks, 1992) o la lógica de lo imprevisible.

Cristal, ironía y Dios (Glass, Irony and God, 1992) o la experimentación formal. La vida privada y el mito navegando en las mismas aguas.

Agua corriente (Plainwater, 1995) o sumergirse en las aguas profundas del lenguaje y la invención. Queda claro que a Carson lo que menos le preocupa es imponer el desorden y el caos como un canon; al asumir la entrevista como un ejercicio de inventiva (un poeta del siglo VII y la musa de un pintor del siglo XV) no sólo inventa un género literario, sino que borra fronteras cerradas por siglos.

Eros ı Foto: Especial

Autobiografía de rojo (Autobiography of Red, 1998) o el monstruo de tres cuerpos. Más que recreación de lo mitológico, animación de la actualidad y fragmentación del discurso narrativo. El reto de asumir la novela desde el verso. Visibilizar el mito y poblar de presente un pasado remoto.

Economía de lo que no se pierde (Economy of the Unlost, 1999) o la profesionalización de la literatura como acto de fe a partir de Simónides de Ceos y Paul Celan. Algo más que un ensayo.

Hombres en sus horas libres (Men in the Off Hours, 2001) o el epitafio como género. Ya en Economía de lo que no se pierde incluía dos capítulos sobre este género literario hoy olvidado, pero que dejó textos luminosos, salpicados de humor, nacidos de la pluma de griegos y latinos.

La belleza del marido (The Beauty of the Husband, 2002) o la danza como cuerda que se tensa.

Si no, el invierno, fragmentos de Safo (If Not, Winter: Fragments of Sappho, 2002) o Safo vista desde la modernidad.

Decreación (Decreation, 2005) o la diso-lución del yo a partir de la poesía, la filosofía y la ópera.

Lecciones sobre el duelo (Grief Lessons, 2006) o las trampas de Eurípides.

Nox (2010) o la artesanía de la reconstrucción del duelo a través del artefacto de palabras. El diccionario y el collage como parte de un mismo entramado.

Antigonick (2012) o la representación y el archivo familiar, el performance, los trazos y la tragedia antigua como señales del tiempo.

Red Doc> (2013) o el regreso de Gerión. Un viaje a lo inclasificable.

Albertine (2014) o una secuencia lúdica por los intrincados caminos de Proust.

Flota (Float, 2016) o las posibilidades del lenguaje. 22 cuadernos en una caja. El objeto impreso y la segmentación como territorio creativo.

Norma Jean Baker de Troya (Norma Jean Baker of Troy, 2019) o el peligro de la hibridez. Reafirmación del vestigio como innovación formal para una posible interpretación del presente.

Norma equivocada (Wrong Norma, 2024) o la prosa poética y los apuntes como pequeñas piezas para ensamblar.

Si tuviera qué elegir entre las obras de Carson aquellas que a mi entender sortean el paso corrosivo del tiempo a través de las generaciones apostaría por la totalidad de su obra, pero ante la imposibilidad de interpretar tan denso territorio elijo las páginas con las que más me identifico como lector y como creador, en orden de aparición: Autobiografía de rojo, Cristal, ironía y Dios, Economía de lo que no se pierde y La belleza del marido. Trataré de argumentar.

Autobiografía de rojo ı Foto: Especial

AUTOBIOGRAFÍA DE ROJO

No me detendré en esta novela en verso porque un acercamiento a esta obra, en la traducción de Tedi López Mills, lo hace Héctor Iván González en estas mismas páginas. Agregaré sólo que la primera vez que quise leer este libro de Carson no avancé más allá del capítulo XVII (“Muros”). Pasaron cinco años al menos para volver a intentarlo. Obviamente la culpa no era de la escritora, sino mía, empeñado en leerla como si me adentrara en la poética de Jorge Montalbetti o en la de Raúl Zurita.

Se dice que Gerión tenía seis manos y seis pies y un par de alas, era rojo y, además amaba los relámpagos. Que habitaba en una isla con su madre, ninfa de un río que fluía hacia el mar. Y así, hasta la llegada de Heracles y la tragedia del personaje. Fin de la sinopsis.

CRISTAL, IRONÍA Y DIOS

La edición de Vaso Roto es traducción de Jeannette L. Clariond, quien se ha acercado con devoción y entrega a la obra de Carson y ha apostado por ella desde antes que el nombre de la canadiense apareciera en las luminarias del Nobel. A partir de Cumbres borrascosas de Emily Brontë, Carson une discursos que se van multiplicando. Lo fragmentario aparece y desaparece, aunque las diferencias formales no son tan abismales, dado que transita del verso libre (versículo y arte menor) a la prosa. El apartado final (“El género del sonido”) es un ensayo con ramificaciones hacia lo histórico y al pensamiento filosófico. A este cuerpo pertenece el verso o la frase “La libertad significa diferentes cosas para diferentes personas”, que da título al ensayo. Aquí aparecen los desnudos y la imagen visual se hace más recurrente. La ironía, elemento constante en la obra de Carson, se desglosa a través de lo inusual, por lo que el sarcasmo no es una risa abierta sino una media sonrisa. Hombre de la televisión pareciera una crítica al aburrimiento y a la inteligencia perdida. Héctor deviene en Héktor, Artaud no sufre ninguna metamorfosis en su nombre, pero sí Sokrates. En esta alteración del lenguaje “krisis” (grieta que se abre) es una deformación de la realidad. Laparte más fragmentaria parece ser “La caída de Roma: Guía del viajero” y la figura del extranjero es “alguien que se toma el miedo demasiado en serio.”

La belleza del marido ı Foto: Especial

En “El libro de Isaías” la autora retoma tonalidades de algunos pasajes de la Biblia: “El alarido tomó el curso de los arroyos hasta su desembocadura / y rompió las redes de los pescadores que echan anzuelo en los arroyos / y confundió a los trabajadores de fino lino que tejen redes / y rompió su designio.”

El paso final de la obra es un puente hacia el sonido como género. Carson se sumerge en las aguas de la historia, no para mostrar pececillos de colores ni algas coralinas, sino los distintos tonos del habla en las mujeres, y su metamorfosis a partir de la antigüedad griega. Esto es, la música de lo que se dice con palabras. Qué nos comunica un tono agudo, uno grave, uno bajo, uno alto. Sale a relucir aquí lo absurdo de ciertas leyes. La emisión del sonido, uso y calidad de la voz suman a través del tiempo, desde la mirada de Carson, un legado incómodo.

CARSON SE SUMERGE EN LAS AGUAS DE LA HISTORIA, NO PARA MOSTRAR PECECILLOS DE COLORESNI ALGAS CORALINAS, SINO LOS DISTINTOS TONOS DEL HABLA EN LAS MUJERES, Y SU METAMORFOSIS A PARTIR DE LA ANTIGÜEDAD GRIEGA

Están también las Furias, cuyas voces —dice Carson— agudas y terroríficas “son comparadas por Esquilo con los aullidos de los perros o con los sonidos que emiten las personas atormentadas en el infierno”. De ahí la palabra “silencio”, aludido en gran parte de la antigüedad griega al “buen orden” en las mujeres. Carson se apoya en Plutarco, que a su vez parte de las leyes dictadas por Solón (hablamos del siglo VI antes de nuestra era) en el sentido de “prohibir todos los excesos desordenados y salvajes por parte de las mujeres en fiestas, festejos y ritos funerarios”. Que aparezcan Hemingway, Gertrude Stein y Alceo de Lesbos no es gratuito: “Ponerle puerta a la boca femenina —dice Carson— es un importante proyecto de la cultura patriarcal desde la antigüedad hasta nuestros días”. De ahí la táctica de asociar lo femenino con lo monstruoso, la deformación y la muerte. Dice uno de los biógrafos de Gertrude Stein que aunque ella era cordial, “solía rugir de risa, a carcajadas. Su risa era como un bistec. Le encantaba la carne”.

Decreación ı Foto: Especial

Anne se encarga de documentar a los lectores del siglo XXI, que ya en la Tabla Pitagórica de los Opuestos, “lo curvo, oscuro, secreto, malvado, siempre mudable, no autocontenido y carente de límites propios”, se asocia a lo femenino; en contraposición de lo masculino, a quien se le atribuía lo bueno, recto, ligero, estable, autocontenido y firmemente delimitado.

Si el sonido femenino surgía de la locura, generaba locura. Aspectos como éste estaban muy bien delimitados por los griegos de la antigüedad y sus leyes eran puntuales y específicas en lo referente a lugar, hora, duración, concurrencia, coreografía y contenido musical y verbal del lamento funerario femenino. Ya que tales “estridentes e inhumanos sonidos” estimulaban el desorden y el desenfreno.

En esta ruta silenciadora de lo femenino, no resulta extraño que Graham Bell, inventor del teléfono, prohibiera a su mujer utilizar el lenguaje de señas, pese a que era sorda y tenía dificultades para hablar. El argumento, evidenciado puntualmente por Anne Carson: “El uso del lenguaje de señas es pernicioso. Porque la única manera de dominar a fondo el lenguaje es utilizarlo para comunicar elpensamiento sin traducirlo a ningún otro lenguaje”.

Carson es puntillosa con el tema y habla también del otro lado de la moneda: Ciertas fiestas de carácter religioso en las que las mujeres disponían de tiempo limitado para “soltarse el pelo” y decir comentarios injuriosos u obscenos y chistes pasados de color. Como estas reuniones de “desahogo” eran exclusivamente para mujeres, Carson va más allá y habla de hombres castrados, desmembrados o asesinados por colarse a estos rituales.

red doe ı Foto: Especial

SIMÓNIDES DE CEOS Y PAUL CELAN

Uno de los libros más disfrutables de Carson es Economía de lo que no se pierde, leyendo a Simónides de Ceos y Paul Celan. Afirmar llanamente que se trata de un libro de ensayos sobre el valor monetario en la antigüedad sería una falta de respeto al ensayo como género y a la autora. Publicado por primera vez en 1999, esta obra es más bien una especie de arqueología de la avaricia y la desesperanza. Pero también una poética que aporta incalculables luces en razón de lo material, lo inmaterial, lo visible y lo invisible, lo terrenal y lo cosmogónico en el lenguaje y en la escritura, pero sobre todo en la poesía.

Carson va y viene en las arcas del tiempo. Con Simónides de Ceos traslada su lectura al siglo V antes de nuestra era, y de entrada dispara las primeras preguntas: “¿Qué perdemos exactamente cuando las palabras se malgastan?” y “¿Dónde se encuentra el depósito humano en el cuál estos bienes están almacenados?” Que la aparición de las primeras monedas no tuviera un uso comercial, sino que fueran más bien de orden burocrático (pagar mercenarios, financiar la obra pública, liquidar aduanas portuarias y otros impuestos) parece contradecir la historia. Empieza a prevalecer el uso comercial de la moneda una vez que los particulares la utilizan como objetos de cambio. Carson lo resume en tres verbos: Dar, recibir y devolver.

Norma Jean Baker de Troya ı Foto: Especial

Páginas adelante, la autora se encarga de sopesar la delicada situación de los poetas antiguos. Demódoco y Femio, siempre al servicio de la corte, intercambiaban versos por hospitalidad. Odiseo hacía lo mismo por alimentos y un lecho cómodo. ¿No hicieron lo mismo en los siglos por venir, Estesícoro, Jenófanes, Íbico, Anacreonte, Esquilo, Píndaro y Baquílides? Cantos a sus mecenas a cambio de bienestar. Esta práctica prevaleció al menos hasta la época de Simónides de Ceos, considerado por Anne Carson como el primero en hacer de la poesía una profesión, esto es: Aplicar un cálculo detallado en el costo de la composición de cantos y poemas. En esta ruta, este poeta del siglo V antes de nuestra era podría ser también el primer mercadólogo, aunque no sé qué tan bien le siente a la poesía purista esta puerta al comercio y al mercadeo. Al respecto, Carson cita un comentario de Aristófanes: “Ese Simónides se haría a la mar en una alfombrilla de baño con tal de ganar dinero”. Para Aristóteles, apunta ella, Simónides es sinónimo de avaricia.

Cuenta la antigüedad griega que el poeta solía recorrer las ciudades en busca de mecenas y despotricaba contra quienes regateaban el costo de sus versos. La obra ilustra también los casos de Píndaro, quien vendía caros sus ditirambos (diez mil dracmas por un ditirambo). Y el de Gorgias, quien les clavaba las uñas a sus estudiantes y llegó a acumular tanta riqueza que se mandó hacer una estatua de oro sólido en el templo de Apolo en Delfos. Para tener más claro todo esto, diez mil dracmas equivalían a 28 años de trabajo de un jornalero.

Marx encontrará en estas prácticas las primeras formas de alienación.

Economía de lo que no se pierde es un libro apabullante por la abundancia de anécdotas y la fuerza del lenguaje, que no necesita adornos ni falsa música para establecer un vínculo con el lector de hoy. Para el diálogo entre Simónides y Celan, si bien personajes lejanos en el tiempo, Anne Carson se encarga de encontrar caminos paralelos a partir de un lenguaje preciso, lleno de escollos, sí, pero también de alumbramientos. Se agradece que haga a un lado la jerga académica de los doctores en hermenéutica y nos ofrezca un fruto certero, fino, depurado, sostenido por su erudición y su inventiva, pero sin desdibujar el concierto de voces que transcurren por estas páginas. Y cómo olvidar la traducción de Jeannette L. Clariond, que cierra el libro con una nota de su cosecha sobre Anne Carson y la manera en que ha abordado sus libros, el lenguaje y su escritura por más de dos décadas.

ECONOMÍA DE LO QUE NO SE PIERDE ES UN LIBRO APABULLANTE POR LA ABUNDANCIA DE ANÉCDOTAS Y LA FUERZA DEL LENGUAJE, QUE NO NECESITA ADORNOS NI FALSA MÚSICA PARA ESTABLECER UN VÍNCULO CON EL LECTOR DE HOY

Dado que La belleza del marido es punto y aparte en la producción literaria de Carson, esta obra será abordada en un trabajo posterior.

Albertine. Rutina de ejercicios ı Foto: Especial

COLOFÓN

Hablé de Safo, Eurípides, Sófocles, Catulo, Antígona, Simónides de Ceos, Alceo de Lesbos y Aristófanes, de Virginia Woolf, Marilyn Monroe, Paul Celan y otros, pese a los siglos que separan a unos de otros, Carson enseña que nadar contra la imitación, escuchar la música del viento y contemplar el abismo a través del duelo, la imagen y la ruptura no es disparatado, por lo que se encarga de jalar esos hilos y tejer fino para que dioses, semidioses, héroes y antihéroes no sean sólo polvo de los sepulcros, sino materia viva para los lectores de hoy.

El pasado sigue vivo en tanto se transforme en voces que respiran, hablan, se reproducen y se inventan, como nosotros, sus lectores de hoy. Con Carson entendemos que la poesía es seguir buscando a tientas en la oscuridad. ¿Buscar qué? Tal vez las huellas de un pasado remoto que nos define y nos plantea nuevos interrogantes respecto a la vida misma.

De lo que estamos seguros es que el legado literario de Anne Carson está muy lejos de ser lineal. Si alguien ha logrado encontrar un eco en las ruinas del pasado,es ella.

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