Contra el reguetón

Bad Bunny lanza de sorpresa su disco
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El 5 de marzo se entregaron por primera vez los Spotify Awards. Sucedió en el Auditorio Nacional: la plataforma nos eligió como sede porque la Ciudad de México es la reina mundial del streaming. Lo novedoso de estos premios es que se entregaron con base en la información generada por los usuarios al escuchar sus canciones favoritas, desplazando a los Grammy, igual que el reguetón y sus variantes desplazan al rock y al pop en la preferencia juvenil.

Me ofrecí como conejillo de indias para chutarme a los más de cuarenta nominados y premiados, pero no lo vuelvo a hacer. Entre los ganadores hay Artista Spotify del Año: Bad Bunny; Artista Más Escuchado: Bad Bunny; Canción Más Escuchada: “Callaíta” de Bad Bunny con Tainy; Artista Más Agregado a Playlists: Bad Bunny; Artista Más Compartido: J Balvin; Artista Más Seguido: Banda Sinaloense MS de Sergio Lizárraga; Artista Pop Urbano: Maluma; Artista Femenina con Mayor Incremento de Fans: Danna Paola...  Salvo el popero Imagine Dragons, uno equivale a todos porque el sonsonete, las letras y el ritmo son iguales.

"Prohibir la música es poner el clasismo sobre la libertad".

La música es el pulso de la humanidad. Es el ritmo y el eco de las personas desde la prehistoria. En ese track estamos viviendo el fin de una era musical y el inicio de otra: desaparecen los músicos con la infraestructura que musicalizaron el siglo pasado, y los nuevos ya iniciaron la siguiente montados con sus ritmos en las plataformas. Recuerdo cuando el techno era el futuro de la música. Esta premiación de Spotify es tan significativa como lo fue el medio tiempo reguetonero del Super Tazón. Esperemos que su cresta sea fugaz como todo lo digital.

Mientras tanto hay que aguantar vara. Son minoría los que odian al reguetón y una arrolladora mayoría quienes lo disfrutan. Entre esa minoría escandalizada cobra fuerza la necedad de prohibirlo con el argumento de que las letras inducen a la violencia y al sexismo. Como los que culpan a los videojuegos de los tiroteos escolares, al rock de los suicidios o a los narcocorridos del narcotráfico, sus detractores creen que prohibiéndolo se resolverá el problema. Pero el reguetón no es causa, es efecto. Y tampoco es el único, canciones violentas y sexistas que reflejan su momento hay en toda la música popular.

La música nunca le ha hecho daño a nadie. Prohibirla es poner la moral de los ofendidos y el clasismo sobre la libertad, y hacerle un favor porque lo prohibido siempre atrae. Luego la intolerancia se deja ir contra todo: literatura, pintura, cine. El maldito ritmo suena en todas partes, diría mi abuelita, quien insistía en echarle la culpa de todo a los Beatles.