Cuestionario K-Punk: del libro 11

En esta oportunidad, el fundador de una librería en la ciudad texana de Dallas responde a nuestra serie sobre
las preferencias de algunos declarantes tocados por la pasión de la lectura —no necesariamente críticos
ni escritores profesionales. Se trata de un espectro difuso pero definido por la exigencia de un gusto, desarrollado por la curiosidad, la frecuencia de su disfrute, la ampliación constante de las fronteras. Es el goce de recorrer y apropiarse de un libro, vivir su aventura en carne propia, enriquecer nuestra visión del mundo. De eso trata esta página.

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Cuestionario K-Punk: del libro 11Foto: Especial
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1. ¿Cuántos libros puedes contar en tu biblioteca?

No lo tengo muy claro, muchos más de los que me gustaría cuando llegue la hora de mudarme, eso es seguro. Debo añadir que tengo una librería a escasos metros de donde vivo, lo cual desvirtúa un poco el número de libros que hay en casa, suelo traerme copias para (h)ojear alguno y no es raro que sean galeradas o libros que simplemente transitan por casa, pero no para quedarse. No recuerdo ahora quién dijo que no hay biblioteca más aburrida que una en la que has leído todos los títulos, intento mantener un equilibrio saludable entre lo leído y no leído. Ganan estos últimos, así que bien.

2. ¿Cuál es el título del último libro que compraste?

Creo que no recuerdo la última vez que fui a una librería y compré un solo libro, ¿se puede hacer? Algunos de los últimos fueron Los años invisibles, de Rodrigo Hasbún y Guerras del interior, de Joseph Zárate. De Rodrigo Hasbún leí el libro anterior, Los afectos, y unos cuentos que encontré durante un viaje a Bolivia. Me reconforta leer a Hasbún: va despacio, con mucho cuidado, pero sin miedo a contar lo que tiene que contar, lo cual es mucho decir, porque es más habitual escribir que tener algo que contar, y aún más difícil saber hacerlo. A Joseph Zárate no lo conocía, pero tuve la suerte de asistir a un panel suyo durante el Hay Festival Cartagena. Es una de estas personas que deja mudo al auditorio cuando habla, una combinación de lucidez, compromiso y honestidad bastante insólita en los tiempos que corren. Algo similar me pasó la primera vez que escuché hablar a Yásnaya Elena Aguilar, me compré su libro de inmediato.

3. ¿Cuál es el último libro que leíste?

Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez. En realidad es como el antepenúltimo, pero prefiero hablar de éste.

Me dio gran tristeza terminarlo, ¡y eso que son casi 700 páginas! Sé que la primera versión tenía muchas más, me hubiera gustado leer ésa.

Suele decirse que es más difícil escribir poco que mucho, que el oficio se nota en las elipsis y esas cosas. Quizás yo esté de acuerdo, soy el primero que agradece una novela corta en lugar de un plomo de mil páginas. Pero de cuando en cuando aparece un libro largo que es puro gozo, con el que recuperas esa sensación, ya casi olvidada cuando te dedicas a algo relacionado con la literatura, de llegar a casa entusiasmado con las horas de lectura que tienes por delante, o cuando se las robas al sueño sólo para poder terminar un capítulo. Todo esto me pasó con este libro. Ya era fan de Mariana Enriquez y confieso que, cuando comencé la novela, tuve mis dudas sobre si hubiera sido mejor no hacerlo y conservar el recuerdo que tenía de sus otros libros.

Qué equivocado estaba: Nuestra parte de noche es una novela para perderse en ella, en los personajes, en los detalles, para sentir miedo y que te acompañe hasta la cama, para tardes de puro placer literario.

4. Menciona cinco libros que significan mucho para ti.

Roberto Bolaño: Los detectives salvajes. El nombre que le pusimos a nuestra librería es The Wild Detectives —en Dallas, Texas—, así que cómo no incluirlo. Leí esta novela durante un viaje que hice con mi amigo Paco, quien me la recomendó. Yo tendría unos 28 años y recuerdo que le comentaba muy emocionado sobre la novela, le decía que un libro así, más joven, de adolescente, podía cambiarte la vida. Años más tarde, con ese mismo amigo, monté la librería, que en efecto me cambió la vida. Quién sabe si ese libro tuvo algo que ver, o igual es que sigo siendo un adolescente a mis cuarenta y pico.

John Williams: Stoner. Es un libro donde todo pasa y no pasa. Como dice Iñaki Uriarte en sus diarios, los mejores libros son esos que hablan de lo que le pasa a todo el mundo todos los días. Stoner es, sin duda alguna, uno de los mejores ejemplos. Es maravilloso cómo un libro que trata de los sinsabores de la vida cotidiana a través de un profesor universitario del montón, un don nadie como cualquiera de nosotros, sea capaz de tocarnos esa fibra y conectarnos con lo que significa existir en la sociedad contemporánea, enfrentarnos con nuestras miserias. Todo con humildad, amable y sin alardes.

Patricia Highsmith: la serie de Ripley. Highsmith me descubrió un tipo de novela negra que no tiene nada que envidiar a ningún otro género. Siempre me fascinó su arte para retratar la miseria humana con ritmo, suspense y elegancia. Comencé con el primero de la saga y tuve que leerme los cinco, creo que entonces contraje esa avaricia lectora que a veces nos cuesta explicar.

Fernando Pessoa: El libro del desasosiego. Cayó en mis manos por casualidad, lo estaba leyendo una pareja que tuve hace años, lo (h)ojeé por matar el tiempo y me atrapó sin remedio. Complejo, casi indescriptible, pero también accesible. A medias entre un diario y una novela experimental, capta eso que a veces nos da la literatura para entendernos o entender. Mi libro de autoayuda preferido.

Carson McCullers: El corazón es un cazador solitario. Me crié en España aunque vivo en Estados Unidos, y novelas como ésta son las que introdujeron este país en mi propio imaginario e hicieron que recorrerlo sea como un viaje a una infancia leída o soñada, pero no vivida. Sitios que deberían parecer extraños o casi extraterrestres, como los pueblos fantasma del interior del país, de la América profunda, pero que tienen un significado emocional que es difícil de explicar.

5. Nomina a cinco personas para responder a este cuestionario. 

Vicky Sanz, David Piorno, Andrés de las Casas Huerta, Julián Lacalle y Javier Molea.

JAVIER GARCÍA DEL MORAL (Logroño, España, 1978) dirige la librería The Wild Detectives, que fundó en 2014, seleccionada en cinco ocasiones por la prensa local como la mejor librería del año en Dallas, Texas, y reconocida en la vanguardia del renacimiento de las librerías independientes de Estados Unidos.